Capitulo 9: Dejar de ser


Miércoles, no era un día especial ni se sentía mejor que ningún otro día, pero estaba decidido a dejar de ser lo que había sido hasta ahora. Sin desayunar ni saludar a su madre dejó el departamento y su celular atrás, el camino a la escuela era distinto, porque él se sentía distinto. Se encontró con Matt en la entrada quien sólo lo miró de lejos sin intenciones de acercarse. Se molestó y fue hacia él.


- Buenos días – lo saludó con aires de confianza suprema

- Hola – le sonrió algo incómodo

- ¿No piensas hablarme en la escuela? – soltó de una

- ¿Qué dices? – rió nervioso - ¿Estás bien? Te noto algo molesto

- ¿De verdad te importa más lo que digan esos perdedores?

- Ser el centro de los chismes no es de mi agrado – sarcástico

- ¿Quieres estar conmigo o andar solo? Sólo dime, haré lo que me digas sin sentirme ofendido

- No es que no me guste estar contigo, tu sabes lo que pienso de ti – le guiñó un ojo – Pero estos primates son de lo peor… ¿Acaso no recuerdas lo que paso ayer?

- Lo recuerdo perfectamente, y no tengo miedo de unos tipos que usan los pies para pensar. Sé defenderme en todo caso. Si quieres estar solo, quédate aquí… si no… sígueme – le dijo para girarse y caminar a la entrada del colegio.


El rubio lo siguió, caminó detrás de él hasta el salón de clases, donde se sentaron uno al lado del otro. Jake lo miró apenas se sentó y el otro le sonrió encantadoramente. Hicieron oídos sordos a los comentarios de los primitivos compañeros de clase, no debían dejar que los afectaran.


**
En el cambio de hora el pelinegro fue por sus libros y luego acompañó a Matt por los suyos, con su fingida confianza pudo notar el cambio de algunos hacia él es increíble lo que puede hacer una buena actuación.


- Ah… - se escucharon aplausos al final del corredor – Felicidades por tu novio, Matt – se burlaron una chicas en un esquina

- Cierren la boca, zorras – Contestó en voz alta antes de darse la vuelta e irse

- Pero si se ven tan lindos juntos – Volvió a comentar

- Pues… - se volvió para verla a los ojos, estaba con sus amigas todas bastante maquilladas – Gracias – Le correspondió con una media sonrisa como la que Greg hacia, santurrona y engreída.


Estaba harto.


El timbre sonó y Matt se despidió de él, debía quedarse para el segundo día de castigo. La directora lo reunió con Greg y los llevó a la biblioteca donde el profesor de gimnasia los vigilaría mientras ordenaban los libros por género. Y de esa manera, con trabajos idiotas y poco productivos como ayudar al conserje con la basura o con las hojas del patio pasó la semana de castigo.
El viernes por la tarde estaba de salida con Greg, estaba bastante fresco y oscuro parecía que iba a llover en cualquier momento.


- ¿Quieres salir el sábado? – Le preguntó encendiendo un cigarro

- No lo sé… - Contestó el menor algo distraído mientras trataba de subirse el cierre de la campera

- ¿Y cómo sé yo si quieres o no?

- ¿Qué? – Preguntó tentado – Hace frio… ¿quieres ir a mi casa?

- ¿Y eso? – sorprendido

- Si no quieres está bien… Adiós – se dio la vuelta con intenciones de irse

- Espera, estúpido – dijo molesto – Voy contigo


Jake sólo se rió, ese tipo podía llegar a ser muy torpe, detrás de esa sonrisa creída había un chico normal.


De paso a la casa compraron un licor de fresas y aperitivos, el ojinegro compró cigarrillos por su lado. Llegaron al departamento siendo corridos por la lluvia, el agua los había tomado desprevenidos a dos cuadras de la casa. Se cambiaron los mojados uniformes, Jake le entregó algunas de sus ropas secas, mientras secaba los uniformes Greg se vistió en su cuarto y el otro en el baño.


- Puta lluvia de mierda mojó por completo mis zapatillas nuevas – se quejó el ojinegro abriendo la botella

- Eres un genio poniéndote los tenis nuevos en un día como este – se burló el menor alcanzándole un par de vasos

- ¿Por qué licor de fresa?

- Es mi debilidad

- Ah… - Entregándole un vaso casi lleno con un liquido rojo y con un aroma que le hacía agua la boca – Prefiero algo como Jack Daniels

- Tienes gustos de abuelo – se burló sorbiendo del vaso

- Y tú de mujer – Bebió de su recipiente

- ¿Qué hay con eso? ¿Tienes algún problema con eso?

- En lo absoluto – Sonrió – Me enteré de que las chicas en la escuela andan diciendo que eres un gay atractivo

- ¿Yo? Que hipócritas – Rió sarcástico

- La verdad es que no sé por qué andas con ese niño Matt. Se dice que es una perra

- ¿Y? Lo que ellos crean no me importa mucho… Además… - dio un largo trago a la bebida – Además, que mierda saben ellos de la vida sexual de alguien a quien no conocen

- Realmente es una perra… - dijo serio – Soy su vecino, sé lo que pasa en el vecindario

- ¿Y ahora tengo que tratarle como si tuviese sida? No me importa con cuantos se acueste… Al fin y al cabo lo único que busca es divertirse un poco ¿Acaso eso está mal? Dime…

- ¿Realmente crees eso? Algo te ha pasado últimamente, te encuentro muy cambiado…

- Cierra la boca – dijo el menor dejando el vaso en el suelo – Cuando uno tiene ganas de coger… coge y ya… ni que fuésemos mujeres por andar haciendo papel de princesas fingiendo que son damas pulcras… ¿Verdad?

- Cierto – dijo dibujando una sonrisa santurrona, de esas que provocaban desconcierto y miedo en algunos. Pero en Jake solo provocaba excitación, le recordaba a ese doctor.


Se dejó atrapar por aquellos labios quienes lo amordazaron en un sádico besuqueo, sintió el arete de su lengua acariciarle los dientes y todo el interior de su boca. Una colegiala jamás se habría atrevido a besar de esa manera, solo estaba ahí esperando a que le llegue el orgasmo. Greg lo obligó a quitarse la camiseta que llevaba y se puso a mordisquearle el cuello, lo estaba regocijando con esos dientes que mordían tan sutiles y precisos a lo largo de su cuello y hombros. El menor también le quitó su prenda para toquetear aquel torso desnudo y lamer esos pezones que tenían aretes, el otro le permitió besar y morder su blanco cuerpo. Sus músculos estaban bien entonados y delineados y no podía dejar de tocar y lamer ese estomago y ese pecho. Sintió una de esas manos acariciar su espalda y los dedos delinear sus vertebras, para posarse se cadera y la otra la encaminó a su entrepierna, el menor se estremeció al sentir aquella tibieza y la presión que ejercía lo hizo lanzar un leve gemido que lo hizo recurrir a aquella boca. Le correspondió abriendo sus labios para su lengua que estaba inquieta. Dejó la boca del menor para recostarse con la cara entre sus piernas.


- ¿Qué es esto? – Dijo mirándolo a la cara, pero desde su posición el menor difícilmente pudo tomarlo en serio

- Nada…

- ¿Tú te lo hiciste?

- No importa… no es nada…

- Claro… - Paso sus dedos por esas heridas y luego su lengua – No lo vuelvas a hacer… - Besó su ombligo

- Cállate – susurró el muchacho sintiendo que liberaban su miembro erguido de la presión.


Había olvidado las heridas, que torpe. Ahora sería juzgado seguramente por ese quien fingía ser alguien que no era con esos cavernícolas de la escuela. Se dejó llevar por la tibieza y humedad de su lengua que recorría el largo de su órgano que había sido dejado de lado en varias ocasiones, pero no esta vez, esta vez no había nada ni nadie que impidiera que él pudiese llegar a su clímax. Sintió que su miembro era envuelto por aquella boca mientras que con una de sus manos lo tomó firme por las nalgas y con la otra friccionaba sus testículos, no pudo evitar abrir sus piernas. El de la sádica sonrisa dejó el pene del menor y dejando un camino de saliva dirigió su ardorosa lengua a su orificio. Sentir su aliento en esa zona causó escalofríos en Jake, un placentero escalofrió que lo hizo gemir y revolver sus cabellos de su compañero con una de sus manos. En tanto lamía y masajeaba su orificio con aquellas manos el menor sólo supo dar largos suspiros y mover sus caderas abriendo mas sus piernas dejándolo cada vez más expuesto a él.


- ¿Puedo meterlo?

- ¿Estás seguro?

- Sí… me entran tres dedos ahí… - Sonrió orgulloso

- Hazlo entonces… - Le devolvió una sonrisa arrogante igual a la suya – Pero… - El menor se estiró hasta la mesa de luz junto a él y sacó un pequeño tubo ya empezado – Úsalo… es mi primera vez…

- De acuerdo… - Volvió a sonreírse mientras aceptaba el tubo de lubricante



Se bajó los pantalones y se acomodó poniendo las piernas de Jake a cada lado de sus hombros. El menor sintió el frio líquido que el otro le colocaba con sus dedos.


- Relájate… - Murmuró


Estaba relajado. No tenía miedo, pero tenía un poco de ansiedad causada por la excitación. Gimió al sentir su pene haciendo presión contra él, aquel miembro comenzó a entrar gracias a la preparación y al lubricante. Era una sensación incomoda y molesta pero sentirlo dentro le daba una placentera impresión. Se quedó quieto dentro del menor, mientras se besuqueaban. El órgano de Jake que estaba siendo rozado por la fricción de ambos torsos comenzó a despertarse haciéndolo estremecer bajo de su compañero provocando que él comenzara un suave movimiento de caderas. Raro, se sentía raro pero pronto el ligero dolor se volvió algo placentero. El menor se abrazó a aquella espalda mientras respiraba el olor a sudor de ese cuello y gemía a su oído. Tenía esas manos aferradas a su piel con fuerza. Apenas lograba respirar, inspiraciones cortadas y poco profundas. Su mente se comenzaba a nublar y sólo atinaba a clamar entre unas torpes lágrimas que salían por el placer que jamás había conocido. Finalmente se corrió sacando su pene regando su blanco líquido en el vientre ajeno mezclando ambos sémenes.


Era homosexual, sin dudas lo era. Mantener sexo con ese hombre que realmente no deseaba había sido satisfactorio y no sentía culpa ni vergüenza. En esos últimos días se había convertido en otro muchacho, en alguien que quiere ser egoísta y por una vez seguir su propia meta. Estaba decidido a dejar de ser aquel en lo que se había convertido, aquel niño sumiso y conformista y salir a buscar lo que realmente quería. ¿Y qué quería? Él sabía a la perfección que quería.



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