Corazón de Juguete - Capítulo III

Capítulo III


Era martes, y me decidí a no ir a cursar. Estaba triste en extremo, tenía a mis padres muy presentes en mis pensamientos. No quería levantarme de la cama, sólo estaba acostado en silencio y completamente solo. Francisco y Fernando debían ir a trabajar no podían quedarse aunque quisieran. Agradecí por esas responsabilidades que daba un trabajo permanente, no quería estar en compañía. Quería recordarlos en mi soledad y llorarlos una vez más.

Añoraba con las entrañas el tenerlos conmigo, viviendo juntos y compartiendo recuerdos como la familia que supimos ser alguna vez.

Me levanté sólo para poner uno de mis discos favoritos en el tocadiscos que pertenecía a mi abuelo maternal. Chiaro di Luna de Beethoven. Un gran clásico que se oía hermoso en el tocadiscos, no era lo mismo que escucharlo en mp3 con un equipo de sonido envolvente.

Como siempre dejé que la melodía, cada bella nota, que cada sonido me llevara a un nivel de paz para poder relajarme y superar mi dolor.

Francisco volvía del trabajo, generalmente él no regresaba a casa en la hora del almuerzo. Me levanté y salí a recibirlo al living, me sorprendí al ver al chico de cabellos negro y ojos esmeraldas que acompañaba a mi padrino.

- Hola – Saludó mi compañero

- ¿Qué haces, pequeño? – Fran pasó y dejó unas bolsas sobre la mesita ratona del living – Traje a un compañero tuyo… Espero no te moleste… Fui a hablar con el rector y Marcos se ofreció a ayudarte a ponerte al día con las materias.

- No… No era necesario – dije retrocediendo
- No te preocupes… no es nada – Marcos

- Genial… Les traje algo para que almuercen. Por favor, Marcos… Asegúrate de que coma algo…

- No seas así, Fran – me quejé, no quería que me cuidará así

- Tengo que ir a trabajar… ¿Tu irás al trabajo, René?

- Sí…

- Bien… Entonces me iré… Siéntete como en casa, Marcos

- Gracias – contesto con esa sonrisa tan animada que molestaba


Francisco se fue, estaba apurado, se había tomado la molestia de pasar por la universidad a hablar con el rector. Realmente era un hombre protector. Junto a Fernando, ellos habían tomado muy enserio el rol de mis tutores. Como ya les había dicho estoy agradecido, pero quería vivir por mi cuenta. 

Marcos buscó en su mochila y me entregó una carpeta negra. Su rosto emitía una tranquilidad que sinceramente me molesto un poco, pero sus ojos tenían ese brillo que yo no tenía y me sentí algo incómodo.

- ¿Cómo diste con mi padrino? – pregunté tomando la carpeta – Siéntate si quieres – señalé el sofá que estaba detrás de él

- Él fue a hablar con unos profesores y me ofrecí de traerte las notas y ponerte al día – sonrió y luego se dejó caer en el mueble que antes había señalado - ¿Qué te pasó?

- Nada – me puse a leer unas notas en la carpeta que me había entregado

- ¿Por qué llorabas ayer? Además desapareciste por dos semanas. Es obvio que algo te paso

- En realidad, no es nada… No me sentía bien, eso ya te lo había dicho

- No te creo – dijo con una voz grave

- No tengo que darte explicaciones – dije cerrando la carpeta – Esta tarde le sacaré unas copias camino al trabajo…

- ¿No te agrado?

- ¿Eh? – levanté la vista y vi ese bello rostro algo oscurecido por sus sentimientos, parecía estar algo molesto - ¿A qué te refieres?

- ¿No te agrado?

- No es eso…

- ¿Entonces? – suspiró – Mira… Tu padrino me dijo que tus padres fallecieron, así que entiendo que tal vez sea por eso que te sientas tan triste.

- Te dijo… - susurré. Odiaba que se metiese en mis asuntos, ya era grande y no necesitaba que me protegiesen

- Podemos ser amigos ¿sabes? – se sonrió y mi corazón dio un salto

- ¿A… amigos? – me regañé internamente ¿Qué sucedía conmigo?

- Sí. Puedes contar conmigo para lo que quieras. Mi hermana dice que soy como un perro porque le soy fiel a las personas que más quiero – Carcajeó

- No me conoces – Dije fingiendo malestar

- Bueno… pero podemos conocernos – volvió a sonreír

- Yo… tengo que ir al trabajo – me dispuse a salir de la sala pero mi brazo fue atrapado por su mano

- Francisco me pidió que me asegurara de que comieses algo – dijo serio


Pude sentir la tibieza de su agarre a través de mi camiseta manga larga, haciendo que mi tonto corazón me murmurara un deseo. Un deseo que busqué ignorar pero era tan fuerte que decidí doblegarme.
Almorzamos lo que mi padrino había comprado y Marcos me obligó a comer toda mi parte, no acostumbraba a comer tanto pero en ese momento no estaba tomento decisiones racionales. En ese momento dejé que mi corazón tomara las riendas para que haga lo que se le antoje.

No entendía bien por qué mi corazón tenia la ferviente y dolorosa necesidad de hacerse escuchar. No estaba acostumbrado a seguir lo que me decía, porque me sentía como enfermo y muy nervioso cuando comenzaba a comportarse de manera caprichosa. Me sentía muy extraño, pero de alguna forma logré habituarme a su capricho.

***

Luego de unos meses, Marco y yo asistíamos a cada clase trabajando juntos y ayudándonos mutuamente. Él comenzó a almorzar conmigo, a veces en su casa, junto a sus padres y otras en la de mis tutores. 

Estudiábamos juntos y hasta comenzamos a tener salidas juntos. Me presentó con varios de sus amigos y pasamos varios fines de semana haciendo ocio entre hombres.

Comencé a sonreír un poco más natural y los susurros de mi corazón se convirtieron en una charla que teníamos frecuentemente. Hablábamos cuando él no estaba cerca. No quería creerle a lo que mi corazón me decía, pero al atar los cabos comprendí.

No era tan complicado, pero como era la primera vez que sentía algo tan incómodo, me sentía extremadamente confundido. Me mantuve alejado de Marcos, delimité una línea en esa ‘amistad’, hasta que ya no pude ocultar lo que brotaba desde mis entrañas.
Estaba enamorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario