Dr. Finnish - Capítulo 2: Primera Consulta

Amanda se levantó apenas el despertador sonó, se dio una ducha rápida y llamó a la puerta de su hijo Jake. Nadie respondió. Volvió a insistir, estaba impaciente y al no escuchar nada abrió la puerta. El chico aun dormía acurrucado con las sábanas y con el almohadón tapando su cara. La mujer revolvió los castaños cabellos de su hijo y este se despertó de un salto.
- ¿Qué haces en mi cuarto? – le preguntó exaltado
- Levántate y báñate te llevaré con el psicólogo
- Ah… sigues con eso. Ya voy- la expresión de su cara volvió a tornarse gris y triste.
Desayunó unas tostadas que él mismo hizo, su abuela dormía aún, y se fue con su madre a tomar el bus. No se dirigieron una palabra hasta que llegaron al consultorio del psicólogo. Era un edificio departamental y en el sexto piso se encontraba el dichoso consultorio. Un hall bastante modesto, decorado con diplomas enmarcados y donde había un par de sofás y una mujer de largas piernas que era la secretaria.
- Buenos días.
- Buenos días. Me gustaría hacer una consulta con el doctor.
- Si, ¿tiene cita? – sus labios color carmín proporcionaban una linda y falsa sonrisa.
- No…
- Para hacerse atender con el doctor debe acordar una cita previa – una estricta mujer, sin dudas
- Bueno… eso haré
- Excelente, dígame su nombre – tecleando sin parar en la computadora
- Bueno él será el paciente, es Jake Poove
- Perfecto… tenemos cita para el mes entrante, el veintidós
- Eso es muy lejano… - Amanda decepcionada
- Nos veremos la semana que viene Uriel- la puerta detrás de la mujer se abrió y salieron dos personas. Un adolescente de mirada distraída y un hombre alto y delgado.
- Claro, doctor. – el chico se fue
- Buenos días- saludó el doctor listo para cerrar la puerta nuevamente.
- ¡Doctor! – chilló Amanda – ¿podría atender a mi hijo?
- Señora, le he dicho que el mes entrante tenemos libre – renegó la otra mujer
- Es que temo mucho por él… un amigo mío me ha recomendado venir con usted.
- Todos necesitan ayuda, madame- dijo el doctor
El teléfono sobre el escritorio sonó. La secretaria atendió y todos callaron. Cuando colgó ella miro al hombre.
- Era del hospital… la madre de Ingrid, la niña de las cortadas. Ella falleció anoche.
- Oh… llamaré a la madre inmediatamente. Sepan disculparme…- el hombre se retira.
- Creo que ahora hay un turno libre – suspiró la secretaria – ¿le interesa?
- Claro – respondió Amanda
La secretaria volvió a preguntar por los datos del chico y les dijo que aguardaran en los asientos, mientras ella entró al cuarto detrás del escritorio y volvió invitando al chico a pasar.
- Siéntate donde más gustes Jake. Yo soy el doctor Ville Valo. Mucho gusto en conocerte.
- Igualmente – asintió para luego sentarse en un sofá frente al doctor.
- Bueno… ¿gustas algo para beber?
- No, estoy bien, gracias.
- Bueno. Jake… háblame de ti ¿Por qué estás aquí? – su voz era de un tono profundo, tranquilizador
- La directora de mi escuela le aconsejó a mi madre a que consultara a un psicólogo por mis problemas de conducta
- Ah… ¿Qué clase de conducta tienes en la escuela? – sus ojos que al parecer eran verdes buscaban los ojos del menor quien mantenía su mirada gacha
- Al parecer soy un busca pleitos.
- ¿Al parecer? ¿al parecer de quién?
- No sé… todos
- ¿Quiénes son todos, Jake?
- No sé… todos.
- Bien – el hombre levanta una ceja - ¿Cómo te llevas con tus amigos?
- No tengo
- ¿Cómo te llevas con tus compañeros de clase?
- No sé.
- ¿Qué piensas de ellos?
- Que son unos tontos
- ¿Por algo en especial?
- No.
- ¿Dime qué hiciste para que piensen que eres un buscapleitos?
- Recibir golpes
- ¿de quién?
- De un tipo
- ¿Amigo tuyo?
- No. Novio de una amiga… ex amiga
- Ah… ¿Por qué crees que te golpea?
- Por estar cerca de su novia. No sé cuál es su problema… fuimos amigos desde kínder
- ¿Has hablado con la chica de eso?
- Si… pero… no sé. Tal vez está muy enamorada de ese idiota.
- Las personas hacemos cosas estúpidas por amor… ¿Cómo es en tu casa?
- Pues… mi madre cree que soy un tipo malo. Y mi abuela es la única que me cree, pero como esta vieja mi madre no la escucha.
- Ya veo. – Anota en un cuadernillo - ¿Hermanos no tienes?
- No. Y mi padre… pues no sé quién es. Soy el fruto de una relación casual de una noche sin protección entre un par de adolescentes. Nada de otro mundo. – suspiró
- ¿Querías venir aquí, Jake?
- No
- ¿Por qué?
- Creo que es inútil. La que debería estar sentada aquí es mi madre – apretó los puños y frunció el ceño
- Mira Jake… muchos creen que esto es inútil, y no puedo obligarte a creer que realmente te servirá. Pero me gustaría conocerte más. Sólo necesitas un poco de confianza y otra perspectiva de ti mismo. Sé que no eres un chico malo, conozco a chicos malo y tú no eres ni cerca uno de esos – Hizo una pausa y compuso la bosa sin dejar de mirar al chico - ¿Dime como vas en la escuela? ¿Haces algún deporte?
- Pues… mis notas son buenas… y no hago ningún tipo de deporte… odio eso
- Ah… - rió torpemente - ¿Te gusta la música?
- Si…
- ¿Y qué escuchas?
- Pues… un poco de todo.
- ¿Conoces a Black Sabbat?
- Sí, pero no es como si realmente me encantara esa banda…
- Eso fue rudo – volvió a reír – te comprendo es una banda muy vieja para ti… ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
- Nada.
- ¿Nada? No me mientas
- No miento
- No me mientas - lo miró fijo
- Me gusta cocinar – se sonrojó y bajó la mirada
- Eso es genial… ¿Cuál es tu mejor comida?
- No lo sé, exactamente… sólo hago tartas y carnes asadas…
- Eso es más de lo que cualquier adulto, como yo, puede lograr – le guiña el ojo izquierdo – Siempre amé la tarta de manzanas. Pero jamás he podido preparar algo así – rió
- ¿Qué puedo hacer? – susurró
- ¿Qué dijiste?
- ¿Qué… qué puedo hacer para que no me golpee más ese tipo? – lo miró fijo con sus ojos azulados que apenas si se podían ver tras ese espeso flequillo suyo
- Aléjate de él. Has otras amistades. Busca chicos que sean de tu agrado, con los que puedas salir y compartir buenos ratos.
- ¿Cómo hago eso?
- Habla
- Yo…
- Alguien debe dar el primer paso. Y tú eres el único que puede hacer algo para cambiar las cosas.
- No sé cómo hacerlo…
- Sonríe, habla fuerte y claro. Has cumplidos, no seas grosero ni brusco. Trata de dejar de lado los juicios de los otros, ya que esos siempre están. Simplemente se tu mismo.
- Parece sencillo
- ¿sí?
- No – rió
- Tienes sentido del humor… eso es bueno. Eso es esencial en cuanto al contacto humano.

Pasaron los minutos, en esa oficina con grandes ventanas, libreros de madera bastante antiguos repletos de libros, de paredes tapizadas de un color ladrillo intenso que le daba calidez al cuarto, había un televisor en una esquina encima de una mesa con más libros, una pequeña mesa apartada con un bello y antiguo juego de living era iluminada por un viejo candelabro de pared; Y en medio de la oficina una araña colgante de muchos cristales no era muy grande pero se veía extraordinaria.
Alguien llamó a la puerta y el doctor decidió parar con la sesión.
- Ya no nos queda más por hoy… ha sido bueno conocerte, Jake
- Igualmente, doctor
- Dime Ville – sonrió gentilmente – nos vemos dentro de dos días… arregla un horario con mi secretaria. ¿De acuerdo?
- Si… - sonrió tímido
Lo acompañó hasta el hall y se despidió de su madre y de él con una amplia y galante sonrisa.

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