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Dr. Finnish - Capítulo 4: Instinto

- Ah… lo… lo lamento mucho doctor… - el muchacho se paró de inmediato y quiso salir corriendo pero el mayor lo tomó del brazo y la obligó a sentarse nuevamente. Estaba muy avergonzado de lo que sus estúpidas hormonas lo habían forzado a hacer.
- ¿Qué sentiste, Jake? ¿Qué sentiste al besarme? – le preguntó Valo como si estuviese ronroneando
- ¿Eh? Lo lamento, Doctor. No quise hacerlo realmente – tratando de esquivarle la mirada fija del otro
- ¿De verdad? Mírame Jake. A los ojos, mírame - el menor obedeció tímido - ¿Qué te hizo besarme?
- Yo… yo no lo sé…
- Relájate. No hay razón por la cual ponerse nervioso ni tenso. Así que respira hondo – el paciente cumplió – cierra tus ojos y relaja tu cuerpo. No tienes de que preocuparte.
Jake cerró sus ojos y con sus mejillas aun sonrojadas trató de relajar su cuerpo. Aunque no podía hacerlo del todo estando su psicólogo tan cerca del él y tomando sus manos. Sintió unas manos tomarle su rostro para luego sentir unos labios besar su frente. Esa boca tibia tocó su rostro hasta llegar a la comisura de sus labios que instintivamente se entreabrieron y algo húmedo se adentro entre ellos. Era la lengua de Valo, pero antes de que el muchacho moviera su lengua para encontrarse con la del mayor este se alejó.
- ¿Qué sentiste dime? – preguntó el doctor poniéndose de pie
- ¿Qué? – de donde había salido tanta frialdad se preguntó el menor. Eso era cruel.
- ¿Por qué pones esa cara? – se burló - ¿Crees que fui cruel al dejarte sin un beso? – Se rió
- ¿Lo hizo para burlarse de mí? – levantó el tono de voz. Estaba ofendido - ¿Cree que esto es gracioso para mí? No lo es en lo absoluto… en lo absoluto. – tenía una molesta sensación en la garganta
- No me burlo de ti Jake. Sólo trata de responder qué fue lo que sentiste – sonrió amable
- Me voy a casa – dijo levantándose y tomando sus cosas
- Bien… pero espera… olvidas algo – el mayor fue a por él y tomándolo de un brazo lo hizo girarse para verlo a la cara y finalmente besarlo.
Un beso como es debido. Un verdadero beso francés, con fricciones de lengua mezclando las secreciones salivales de ambos dos. El muchacho se tambaleó por un momento, sus piernas se debilitaron y su corazón bombeaba sangre a lo loco, pero aun así correspondió ese beso. El doctor tomó distancia lentamente sin dejar de penetrarlo con ese par de orbes color verde azulado que poseía, era un poco intimidante debo admitir, pero muy llamativo y seductor a la vez.
- Tienes un par de bellos ojos azules, Jake – sonrió el doctor pasándose los dedos entre su cabellera con ondas castañas, que se podría decir que era semi-largo.
- ¿Por qué hizo eso?
- No quería que te fueras ofendido. De ninguna manera permitiría eso –sonrió ampliamente – Nos veremos la semana entrante, Jake. Que tengas un buen fin de semana.
- Eh… gracias… nos vemos – con la cara completamente roja y la campera a medio poner el chico hizo una cita para la otra semana y salió corriendo de allí.

Ahora estaba en su cama boca abajo con una de sus manos tocando el suelo donde tenía la tarjeta del doctor Valo. Aun no podía entender cómo él había sucumbido a sus hormonas y había cometido tal estupidez. Estaba arrepentido, pero a su vez no podía dejar de recordar el sabor de aquel beso de despedida. Un sabor que jamás había experimentado, al igual que esas sensaciones que este acto dejó. Una sensación de vacío. Quería más de eso. Pero era estúpido y vergonzoso sentir y desear que algo como eso vuelva a repetirse.
-Tienes un par de bellos ojos azules, Jake-
Esa frase redundaba en sus pensamientos sin piedad. Era una tortura. Y su acento, su profunda voz y esa mirada penetrante y pecadora lo estaba llevando a un lugar jamás conocido.
Su madre buscó hablar con él por la noche, fingió estar dormido pero su madre lo despertó. Esa mujer necesitaba saber de su hijo y cómo le iba con su psicólogo. El muchacho sólo le dijo que el doctor le había dado buenos consejos para evitar las peleas y para hacerse de nuevos amigos. La mujer se sonrió y abrazó a su hijo, le pidió que fuera bueno y que respetara lo que el médico le dijese. Satisfecha de esa breve conversación dejo a su niño dormir en paz. Pero en realidad Jake se quedó solo en ese pequeño cuarto suyo, sólo él y sus demonios, dudo que eso sea realmente paz.
A mitad de la noche, el muchacho tomó su celular y marcó el número del doctor, tal vez eso podía ser algo poco respetuoso ya que lo estaría molestando a altas horas de la noche, pero de todas formas llamó. Los nervios lo carcomían, pero deseaba preguntarle algo.
- ¿Diga? – contestó una voz ronca
- Doctor… soy Jake – su voz tembló
- Oh… si… ¿Qué necesitas, Jake? – sonaba amable
- Lamento haberlo despertado…
- Para nada… sufro de insomnio – rió – Es gracioso que siendo psicólogo no pueda dormir porque pienso demasiado – volvió a reír. Esa risa torpe y grave era algo tan grato de escuchar
- Eso es irónico – rió el muchacho
- Lo sé… lo sé… dime qué haces despierto a estas horas.
- Tampoco podía dejar de pensar – sonrió aunque el otro no podía verlo estaba coqueteándole sin pensar – Hoy… yo sólo actué por instinto. Quiero disculparme.
- No, tú discúlpame. Me aproveche de ti. Eso está muy mal, es poco ético de mi parte.
- Pero… yo…
- Jake… es mi culpa
- No… yo tenté su cordura.
- Debería haberme controlado, soy un adulto
- Quiero contestarle su pregunta, doctor…
- ¿Cuál pregunta?
- La que me hizo esta mañana y yo no respondí. Estaba confundido y sorprendido de mi tonta actuación…
- Bien… entonces dime, Jake.
- Yo… lo sentí placentero.
- Ya veo… - hubo una pausa - ¿Sabes lo que es el instinto? Freud habla de eso… "instinkt" que es el instinto y se está refiriendo a los instintos en el sentido ordinario, digamos, a los apetitos innatos y comunes a todos los individuos de una especie. Pero también habla de "trieb" que se puede traducir como pulsión o impulso, lo hace para referirse a la fuerza que empuja al sujeto -incluidos los apetitos individuales, propios de cada uno- hacia una persona, representación u objeto. Este último es para satisfacer una necesidad y se dice que el primero es para auto conservar a la especie a través de la reproducción. En fin… creo que tu y yo compartimos un momento de trieb esta mañana –rió - ¿Me entiendes?
- Si… lo entiendo… ¿se refiere a que fue un instinto ordinario?
- Correcto. Sólo buscábamos satisfacer una de nuestras necesidades básicas. Eso es lo que eres, Jake. Es algo que llevas innato en ti. Eso es lo que somos. No te avergüences de lo que eres. Tampoco lo ocultes.
- Yo… - suspiró y sonrió -  gracias por haberme atendido tan tarde, doctor.
- No hay problema, muchacho. Llámame cuando desees, me gusta poder ayudarte.
Finalizando la llamada, se dejó caer en la cama un poco avergonzado de sí mismo por sentir que sus piernas se ponían débiles al sólo recordar su susurrante grave voz. Era un tipo genial y no tenía para nada mala apariencia, poseedor de unos ojos verde grisáceos, de una sonrisa elegante y seductora. Su cabello, que lo llevaba poco antes de los hombros de largo, era rizado y de color castaño oscuro. Las veces que lo había visto usaba un pañuelo atado a su largo cuello. Sus rasgos tan masculinos pero a su vez tan delicados y femeninos.

Ya no podía dejar de pensar en él, en su psicólogo.

Casi no pudo dormir por pensar en ese beso que le había dado, la mamá llamó a su puerta y salió a desayunar. La mujer estaba tranquila, sonreía y hasta le dio un beso en la frente cuando se fue a trabajar. Hablar con ella y decirle que el psicólogo lo estaba ayudando le dio esperanzas de que no fuera a terminar como un convicto, y se alegró por ella de esa forma lo dejaría vivir en paz por un rato. Se despidió de su abuela que quedo mirando la televisión y salió camino a la escuela. Era un día tranquilo, o tal vez era él el que estaba demasiado distraído. Tan ido que no notó que no iba escuchando música, no necesitaba de alguna melodía para aislarse. ¿Qué sucedía con él?

Entró al colegio sereno, algo completamente nuevo para él, nadie lo molestaba ni lo amenazaba, nadie se abalanzó a él tratando de llamar su atención, simplemente era un chico mas yendo a sus clases matutinas.

Matemáticas a primera hora no era la mejor idea que habían tenido los directivos de la escuela, todos estaban medio dormidos y con el cerebro al 10 por ciento como máximo. Mientras el profesor explicaba un nuevo tema entra un chico, el profesor lo regaña y sus compañeros murmuran y se escuchan unas risitas. ¿Qué pasaba? Ese chico, Matt era el más popular de la clase, ¿por qué se reían de él?

El timbre sonó indicando la hora del almuerzo, todos salieron apresurados para evitar que se agoten las mejores porciones, mientras que Jake solo se tomó su tiempo en ordenar sus cosas en la mochila. Matt seguía en su asiento con la cara escondida entre sus brazos apoyados en la mesa. ¿Qué pasaba con él? ¿Dónde estaban sus amigos? Inspiró profundo, luego de ponerse la mochila al hombro, fue a hablarle.

- Oye… ¿Estás bien?
- No…- murmuró con la cara entre sus brazos
- ¿Quieres que busque a la enfermera?
- No
- ¿Quieres algo de la cafetería?
- No
- Emm… ¿Tienes sed? Puedo ir por algo, no tengo problema
- No… - levanta la mirada, tenia lo ojos enrojecidos- ¿Por qué me hablas?
- Pensé que podrías necesitar algo… y como te vi solo…
- ¿Qué? ¿Tú también vas a burlarte de mí?- empezó a sonar amenazante
- ¿Eh? Claro que no. ¿Por qué me burlaría?
- ¿Ahora confesaras que te gustan los tipos y te aprovecharas de mí? – se levantó de su asiento
- No… ¿cómo crees? Espera… tranquilízate… ¿Qué sucedió?
- ¿No lo sabes? ¿O te haces el tonto?- rió - ¿acaso no viste mi grandiosa foto con otro tipo? Todos están maravillados con eso y ahora soy su nueva burla… ¿Qué te parece?
- Yo… yo no sabía nada de eso…
- Debe ser porque no le importas a nadie – se burló
- Eso ya lo sé… bueno… bienvenido a mi mundo… que tengas buena estadía – Jake se burló y dejo el salón.

¿Quién se creía ese idiota? él había tenido que vivir como el idiota invisible y objeto de bromas de Tabo y sus amigotes, no es como si no supiera que se siente. Y él que quería ser uno de sus estúpidos amigos, quería estar con todos esos falsos.

- ¿Qué pasa conmigo? – Se dijo para sí mismo

En el patio se buscó un lugar, y bajo un árbol almorzó unas rebanadas de pizza que su abuela le había preparado. Con los auriculares puestos ignoraba el ruido de los montones de adolescente idiotas que lo rodeaban, eran tan idiotas para él. Dejando de lado todo principio social y rigiéndose solo por el status quo que dominaba la escuela media. Que inmaduros, pensaba. El secundario no duraría para siempre, en poco tiempo todo su mundo se acabaría y deberían comenzar de nuevo. Él anhelaba por ese momento. Deseaba poder alejarse de todo estos imbéciles que lo hicieron padecer su status quo idiota e inmaduro. Volvía a pensar en lo infeliz que era convivir con esos tontos, no podía permitir que le afectara tanto. Así que sólo fue a la siguiente clase con una actitud calma y desinteresada. Matt seguía pareciendo tan triste y apagado, y los otros que eran sus amigos y seguidores ignorándolo por completo. ¿Así que había una foto de él con un chico? Eso no debería de acabar con su vida social, pero tratándose de gente tan primaria y básica como esta… no sabía exactamente qué pensar al respecto. Trató de darle una mano, sabía lo que era estar solo y ser el objeto de burla, pero si él era igual que ellos, era asunto suyo.

Saliendo de la escuela, a lo último para evitar los tumultos de adolescentes, escuchó a alguien llamarlo y entonces con cautela se giró para ver quién era.

- Oye… Jake… Discúlpame por haberte maltratado hoy… es que me sentía a la defensiva – era Matt se veía muy afligido
- Entiendo
- ¿Podría hablar contigo? A menos que tengas que ir a algún lado
- Estoy libre…
- Vayamos a tu casa… ¿Se puede?
- Emm… claro

Hablaron un poco hasta llegar a su departamento, su abuela lavaba la ropa, los presentó y lo llevó hasta su cuarto para hablar tranquilos. Se sentó en su cama y él en el sillón del escritorio de la computadora.

- No sabía que vivías en un departamento…
- Pues… es que ahorramos para comprar un restaurante.
- Ah. Ya veo – sonrió – mis padres no ahorran para nada… mi hermano mayor se da todos los gustos comprándose los últimos modelos en consolas y electrónica. Es un idiota. ¿no tienes hermanos?
- No… después de que mi padre se fue antes de que naciera, mamá no volvió a tener una relación seria con alguien.
- Ah… Pero parece que tu abuela y tú se llevan bien
- Si… ella me cuido cuando mi madre salía a trabajar.
- Ah… yo no veo a mis abuelos desde la festividades de año nuevo del año pasado – rió – No tienen buena relación con mis padres – carcajeó falsamente fijando su mirada celeste en el suelo. Su cara se puso seria -  Jamás creí que estaría hablando contigo… ya no me queda vida social. Estoy fundido…
- Que no tengas vida social no significa el fin del mundo. Al fin y al cabo el secundario terminará dentro de poco y todo lo que vivimos ahí habrá acabado y con suerte no nos cruzaremos con ningún fracasado de la escuela.
- Si… tienes razón. Supongo que has tenido tiempo para pensar todo eso… - Volvió a silenciarse. Se lo notaba muy afligido - Jake… lamento si alguna vez hice algo para lastimarte
- La verdad es que siempre sólo me ignoraste… así que… no hay mucho porque lamentarse
- Soy un idiota… porque no eres un mal chico… pero como siempre te peleabas con ese estúpido de Tabo creí que eras un idiota mas…
- Tabo creía que yo quería sacarle a su novia… algo que era mentira… ella solo era mi amiga. Era todo un mal entendido – se rió
- Un mal entendido que te dio una mala reputación. Ese Tabo es un cretino… - bajó la mirada
- ¿Quién filtro la foto?
- Nate… se suponía que era mi confidente… terminó siendo un cretino mas –rió – No me di cuenta de que todo eso era mentira… que idiota ¿No?
- Es parte de la vida… uno se ciega… pero es bueno abrir los ojos. De alguna forma u otra es lo que tenemos que hacer, si no seriamos estúpidos todos
- A mí no me gustan los hombres… sólo fue una… una fase… y me pillaron… eso es triste… - soltó una risita – Sabes escuchar… Te creí mal tipo por eso que Jamia anda diciendo
- ¿Jamia? ¿Qué es lo que anda diciendo?
- ¿No sabes?
- No, dime…
- Bueno… es algo bastante pesado - hizo una gran pausa tratando de buscar las palabras para decir lo que quería decir en una manera de que no sonara como si quisiera acabarlo - Dice que te gusta andar con viejos para cobrarles - dijo al final torciendo la boca
- Ah… eso es mentira – rió dejando salir un suspiro ahogado - Creí que ella se quedaría tranquila y me dejaría en paz
- ¿Qué fue lo que le hiciste?
- Sólo le dije que no quería ser su amigo… y ella se me confesó y la rechacé. Se molesto por eso, claro la entiendo… además era su mejor amigo, pero ya no podía soportar a su estúpido novio que vivía golpeándome porque decía que yo quería robarle a Jamia – soltó una risa llena de ira y frustración - Jamás creí que ella fuera capaz de hacerme algo como eso.
- Lo lamento, Jake…
- Gracias por decírmelo, Matt.
- Tu gracias por escuchar mis estupideces superficiales – rió ladeando la cabeza, era sin dudas un chico apuesto con esa gran sonrisa y esos bellos hoyuelos en sus mejillas al sonreír

¿En qué estaba pensando? Desde que lo conoció su sonrisa lo había cautivado y aunque fura dirigida a otra persona con sólo poder ver ese gesto sentía algo que surgía dentro de sus entrañas. Y ahí estaba ahora, sin saber cómo comportarse frente a él luego de sentirse completamente atontado por ese gesto que era por primera vez dirigido a su persona sin ningún rastro de falsedad.

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