Valo tomó la boca del joven, con gentileza y apetito. Sus lenguas comenzaron a frotarse con alevosía a pedido del adolescente, y unos hilos de saliva brotaban de entre las comisuras de sus labios. El húmedo y muy cálido beso provocaba sensaciones en ambos cuerpos, así que el mayor atrajo a Jake. Una vez en su regazo el menor se dispuso a desprender cada botón de la camisa del doctor sin dejar de besarse ni frotarse uno contra otro.
Era un sueño cumplido para Jake, tener a su merced al doctor Finnish. Con su joven y curiosa lengua recorrió el cuello del mayor dejando marcas de dientes, llegó a su pecho el cual se detuvo a apreciarlo. Se deshicieron de la camisa.
- Tatuajes – Exclamó Jake con una gran sonrisa – Que sexy
Se sacó la ropa dejando su torso desnudo dejando que su amante descubriera libremente su joven cuerpo. Esas manos eran talentosas, y pronto de dirigieron al cinturón del joven. Jake gimió al sentir las frías manos del doctor acariciar su vientre mientras desprendía sus jeans. Una sensación de triunfo fue cuando su prematura erección quedo libre de toda tela. Valo también liberó su miembro y lo junto con el del menor frotándolos a los dos con su mano. Jake soltaba unos gemidos roncos mientras besaba el cuello de su doctor y acariciaba sus pezones erectos. Usando la saliva como lubricante ambos se dispusieron a masturbarse mutuamente y entre besos y suspiros cargados de deseo, el muchacho habló.
- Voy… voy a correrme… Penétrame antes… Por favor… Penétrame
- Córrete… todo a su tiempo…
- No…
- Shh… déjame hacer lo que mejor sé hacer – Le susurró con una voz rasposa al oído, su aliento caliente fue suficiente para que el menor no pudiese resistir mas ese deseo por el doctor y eyaculó en la mano del otro - ¿Cómo te sientes?
- Genial… Pero te quiero dentro mío – Admitió enredando sus dedos entre los risos del doctor.
- Tranquilo… Empezaré despacio. No quiero hacerte daño – Comentó besando el rostro caliente del chico
- Ngh… - Gimió el joven al sentir que una de las manos del doctor se escurrió por sus nalgas acariciando ese orificio que latía desesperado por él.
- Haré que te olvides de ese compañero tuyo… - Dijo algo amenazador pero con un tono de erotismo a la vez.
- No sé de quién hablas – Dijo Jake con una risita tonta
Con el semen del muchacho como lubricante, Valo comenzó a atender ese orificio que lo esperaba ansioso. Introdujo uno de sus dedos haciendo que el menor ofreciera su trasero arqueando su espalda como un gato mimoso. Le encantaba, adoraba la manera en la que el doctor lo tocaba tan gentil pero tan erótico a la vez. Pronto eran tres dedos adentro, unas secreciones empaparon esa zona facilitando la entrada y salida de las falanges del doctor.
- Estas listo – Comentó
- Entonces hazlo – Le sonrió el menor con las mejillas rosadas y los ojos entrecerrados.
Se posicionaron y el miembro de Ville se entrometió lento, con un poco de dificultad. La voz del adolescente retumbó, un gemido lleno de deseo y satisfacción al sentir ese pene dentro de él. Con las manos húmedas del doctor en sus caderas comenzó a moverse con lentitud, para poder apreciar la penetración de ese pene que tanto había soñado. Sentir su ano envolver ese órgano lo hizo gemir, sus pensamientos estaban corrompidos al imaginarse cómo se vería su trasero siendo corrompido por ese pene caliente y fibroso. Estaba extasiado y sus gemidos no los pudo controlar.
Valo lo observaba moverse sobre él con una media sonrisa. Era un chico muy erótico, a pesar de su edad, su apetito sexual y su manera de actuar eran algo que se le antojaba en un amante. Lo obligó a detenerse. Se levantaron y con pasos torpes y besos muy húmedos se dejaron caer en la gran cama del doctor. Entonces este aprovechó y tomó las riendas recostándolo boca arriba para poder ver sus expresiones cuando logró penetrarlo de una sola estocada. Jake se mordió los labios y le clavó los dedos en las nalgas del doctor, provocando que este gimiera ante ese placentero dolor. Su instinto despierto más que nunca, indujo a que el movimiento de sus caderas sea rápido. Quería llenar a ese niño de él, quería que este gimiese su nombre, que se quede completamente rendido ante el placer y el amor que él le iba a dar.
El teléfono de Jake comenzó a sonar en el living. Pero ninguno tenía intenciones de levantarse de la cama luego del orgasmo que habían compartido. El menor estaba abrazado a su doctor con una sutil sonrisa. El mayor estaba abrazando a su paciente con un cansancio y una satisfacción que lo tenía en paz.
- ¿A qué se debe esa sonrisa tan brillante? – preguntó un muchacho de cabellera rubia acercándose a Jake
- Estoy completamente enamorado
- ¿Tuviste sexo con el doctor? – sonrió ampliamente mostrando su entusiasmo
- No… Aun no… - Se desanimó un poco
- ¿Por qué? ¿Qué pasó?
- Es que… Idiota
- ¿Qué? – Dijo quejumbroso
- Tuve sexo con él – Se sonrió triunfante
- ¡AY! ¡No puede ser! Te odio tanto – Dijo alzando los brazos al aire - ¿Fue cómo lo imaginaste?
- Aun mejor. Es un amante profesional.
- Un hombre con experiencia… Que sexy – Admitió mordiéndose el labio inferior - ¿Cuándo volverás a verlo?
- Esta tarde tengo sesión con él.
- Maldito afortunado… Me gustaría tener a alguien así, también. Me siento muy solo y estoy aburrido.
- ¿No dijiste que siempre tenías a alguien con quien estar?
- Si… pero quiero a alguien que se preocupe por mi y esas cursilerías, algo así como un compañero
- Ya encontraras a alguien. Disfruta la vida. Eres muy lindo, eso lo sabes así que aprovéchate de eso.
- Eres tan encantador, Jake… ¿Qué haría sin ti, príncipe de ojos azules?
- Estarías perdido, sin dudas
Sin dudas el mundo tenía un color diferente para Jake ahora. Felicidad. Satisfacción. Esa sensación de estar completo, había obtenido lo que deseaba con fuerzas. Por fin sentía que las cosas a su alrededor no eran de importancia, había algo mucho más importante para él que esas voces monótonas.
***
Al terminar la última hora, Greg lo interceptó. Lo obligó a seguirlo a un lugar no muy alejado de la escuela pero donde poca gente pasaba. La mirada de Greg era triste, ya no era ese muchacho rudo y sensual que fastidiaba a los débiles. El atleta que había conocido no era el mismo. El muchacho de ojos azules se recargó contra la pared de un local y esperó a que el otro hablara o le diese una explicación del por qué lo había arrastrado hasta allí.
- Perdóname – Murmuró escondiendo su rostro entre las manos – Te golpeé sin una razón…
- Hiciste bien. Te lastimé y me lo merecía.
- Claro que no. Debí haberlo sabido. Debí haber sabido que no te gustaba como yo creí. Fui un idiota. ¿Realmente estas enamorado de ese tipo?
- Sí.
- ¿Me usaste?
- Claramente. Lo lamento. Estaba muy confundido. Eres un chico muy atractivo y no pude resistirme
- Ah… Jake… Me gustas demasiado. No sé por qué, ni cómo paso eso, pero es la verdad. No voy a dejar de pelear por ti. Voy a demostrarte que soy mejor que ese tipo con el que sales.
- Déjalo. No quiero que nadie más se lastime por mí. Sería muy estúpido seguir con esto. Greg, escucha lo que estás diciendo, no tiene sentido.
- Tu escucha, Precioso – Se acercó a Jake colocando ambas manos a los lados de este, impidiéndole el camino – Si tengo que sufrir más por ti, lo haré. Eres un chico excepcional y esa noche en tu casa me enamoraste por completo. No te voy a dejar ir así como así. Tengo la necesidad de ganarte para mí y solo para mí. Y no voy a perder ante ningún viejo
- Esto no se trata de ganar o perder. Estas jugando con mi felicidad. Aprende a ser feliz por tu cuenta. Eso que sientes por mí no es amor. ¿Recuerdas ese momento en la azotea? Esto no es amor, Greg. Es verdad que tuvimos química esa noche… pero no sentí nada mas
- ¿Crees que me interesa lo que digas? Se nota que no me conoces. Puedo notar que realmente confundes quien soy – Su sonrisa sádica deslumbró al otro chico – Puedo ser gentil como esa noche… pero jamás dejaré de ser el chico rudo que sostenía tu cabeza en la azotea. No juegues conmigo
- N… No juego contigo – titubeó algo nervioso. El atleta había vuelto a mirarlo con esos ojos penetrantes que tanto le habían atraído hace unos días
- No me rendiré… - se acercó y pasó su lengua por los labios de Jake, quien apretó los dientes buscando fuerzas para no sucumbir ante sus instintos – Prepárate – murmuró contra sus labios
- No debes hacer esto, Greg. Te lastimaras mas y mas – obligó al ojinegro a alejarse empujándolo suavemente con sus manos en el pecho
- Ese hombre solo está jugando contigo… Yo podría darte todo lo que necesitas. Puedo hacerte feliz y no solo por un buen polvo – Lo miró de manera gentil y triste – Esas heridas no fueron por nada. Estoy seguro que ese tonto hombre causó tu dolor y por eso lo hiciste
- No seas tonto, Greg – murmuró llevando sus manos a la cara de su compañero – Él jamás me hizo sentir mal conmigo mismo. En cambio tú… - acarició las mejillas del atleta que hizo una mueca de dolor ante esa acusación
- Y me arrepiento de eso. No creía que eras tan fantástico… - se sonrió de lado
- Te dije que estoy enamorado – lo soltó y se escabulló – No quiero que sigas insistiendo – dio varios pasos hacia atrás cuando el otro se giró para verlo
- ¿Te gustó? ¿Cuándo te hice mío? Fui el primero ¿y aún así no me darás una oportunidad?
- No puedo… - se apresuró en irse
***
Llegó al consultorio del doctor y la secretaria lo dejó pasar apenas llegó. Estaba agitado. Valo lo recibió con una sonrisa pero luego puso una mueca de preocupación ante el estado del adolescente. Lo invitó a sentarse y le alcanzó un vaso con agua a temperatura ambiente. Esperó pacientemente hasta que el menor se decidiera a hablar o al menos a que normalizara su agitada respiración. Jake dejó el vaso sobre una mesa que estaba frente al sillón y al fin miró a su doctor pero permanecieron en silencio.
Verlo le parecía un placer único, el doctor era innegablemente hermoso y con recordarlo la tarde anterior se sonrió ampliamente. Estaba feliz. Feliz de haber logrado satisfacer ese espíritu triste que residía dentro suyo.
- Eres un buen psicólogo – murmuró el adolescente
- ¿Por qué lo dices? – una sutil sonrisa se dibujó en sus gruesos labios rosados
- Por primera vez en mucho tiempo me siento feliz…
Se lanzó a los brazos del mayor y lo atrapó en un beso. Valo correspondió de esa manera tan amable que derretía al menor, que le rompía el corazón al adolescente. Creía difícil de creer que alguien lo besara de esa manera, sentía su alma quebrarse ante la emoción, la felicidad instantánea que ese doctor finés le producía en un solo beso.
Luego de varios años de vivir encerrado en sí mismo, de escuchar y obedecer, de sonreír sin sentir, ahora amaba estar vivo. Amaba estar en esos brazos, siendo besado por ese hombre que era tan delicado como sus caricias y besos.
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