- Ten más cuidado, estas en tierra extranjera – su voz inundo mis oídos, un tono de voz grave, lleno de masculinidad pero delicado a la vez.
- Discúlpame – dije engrosando mi voz
- ¡Capitán Mäkinen! ¡Déjenos tomar una ronda más! – espeto un barbudo y corpulento hombre al fondo del bar
- ¡Cállate Ghor! ¡Haz lo que se te plazca! ¡Maldito borracho!
- ¡Brindare por usted! – río torpemente bebiendo de su jarra
- Permiso… - murmuro
- Espere…
- ¿Qué quiere? – molesto me miro a los ojos, la diferencia de alturas entre nosotros ya no era tan abismal
- Soy el capitán Nicolai Wisconsin – le dije orgulloso
- ¿Capitán… Nicolai?
- Sí, es un placer volver a verlo capitán Taulo Mäkinen – sus ojos se tornaron diferentes
- ¿Es capitán ahora Nicolai? Eso es algo… de admirar… - sonrió ampliamente. Oh como adoraba esa sonrisa, juro que sentía que me derretía – ¿Me haría el honor de pasear conmigo?
- Será un placer Mäkinen – le conteste un poco ansioso
Me llevo con él a un lugar más alejado de las mujeres y de los murmullos de piratas ebrios. Nos sentamos en unas cuerdas amontonadas perfectamente en un rincón del muelle. Era tarde, pero el sol estaba tranquilo en el horizonte.
- Es una rareza que sea madrugada y la puesta de sol perdure – murmure
- Es triste no poder contemplar la noche por casi dos meces – murmuro él con la mirada clavada en mi
- Había olvidado que es un adorador de la noche, Capitán Mäkinen
- Llámame Taulo, Nicolai… es triste que seas tan distante – sus ojos se cruzaron con los míos y todos los recuerdos me ahogaron – Tenía razón
- ¿con respecto a qué?
- Te dije que te convertirías en un hombre apuesto – se sonrió de lado
- No ha cambiado Taulo… - menee la cabeza
- Si que he cambiado. Si observas cuidadosamente veras que en mis ojos se están formando arrugas – me tomo la mano y me hiso tocar su suave rostro. Con mi pulgar contornee su parpado inferior, era verdad lo de las arrugas.
- Creo que exageras – afirme quitando mi mano
- Tal vez tengas razón… siempre fuiste el más listo de los dos
- Era solo un niño rico… que solo leía libros. Usted lo hiso a prueba y error, y eso es admirable
- Deja de adularme muchacho tonto – rio pasándose la mano por su negro y largo cabello – Me aproveche de ti y aun así sigues agasajándome con esos dotes que ni siquiera poseo
- Es un terco – refunfuñe. Él se echo a reír
- No dejaste de ser adorable
- No se si no se ha dado cuenta que soy hombre ahora, adorable no sería el más propio adjetivo para mí. Creo yo. – se rio
- ¿Me has extrañado? – acaricio mi rostro con su fría mano. Esa mano con la que en reiteradas veces había soñado
- Si, lo he extrañado… - me sonroje y desvié la mirada - ¿y… usted?
- Ha sido un infierno… un helado y solitario infierno… - sus ojos seguían tan hermosos como antes, un bello color esmeralda, o tal vez celeste o tal vez gris.
- Lamento oír eso – tomé su mano entre las mías
- Mira… nuestras manos ya no son tan distintas – puso su palma contra la mía, y estaba en lo cierto. Nuestros pulgares congeniaban, sus dedos eran más largos que los míos y mis manos parecían ser más finas que las suyas.
- Ya le he dicho que soy un hombre
- ¿Estás casado?
- No.
- ¿comprometido?
- No…
- ¿No tienes a ninguna chica?
- No… en realidad…
- ¿qué?
- No… nada
- ¿seguro?
- Si… usted dígame, alguna esposa o algo así
- Tengo una hija…
- Ah… ¿Cómo se llama?
- Anka… tiene 3 años. Vive con mi madre y hermanas en las montañas… su madre falleció cuando dio a luz.
- Oh… mis más sinceras condolencias…
- Nicolai… yo… ¿me permites besarte?
- ¿prometes no someterme? – me burle tratando de romper la tensión y la ansiedad
- Lo prometo… lo prometo… - agarro ambas manos – ¿lo usaste todo este tiempo? – refiriéndose al anillo que me obsequio el ultimo día que nos vimos. El anillo de lobo con zafiros en los ojos
- Claro que sí. Era una forma para que estés conmigo… - nuestras manos se estrujaron mutuamente.
Ya no podía resistirlo tenía que tocarlo. Tocarlo como hace cinco años atrás. Me abálense sobre él para apoderarme de su boca, hundí mi lengua recorriendo toda su cavidad. Él me estrecho fuertemente entre sus vigorosos brazos, me sentí indefenso, me sentí un niño otra vez. Apacigüe mi sed y deje que él tomará el control. El frio era un intruso entre nosotros, al igual que el aire mismo.
Las noches que pasé con el Capitán Mäkinen se reflejaron en mi mente provocando aun más mi excitación. La sonrisa de John se fue desvaneciendo a medida de que las manos de Taulo se aventuraban más abajo entre las ropas.
“Perdóname, John”
No hay comentarios:
Publicar un comentario