Sea Love Cap IV

“Perdóname, John”
Susurro mi mente cayendo en una suave cama de caricias y fuego, llamada Taulo Mäkinen.
La palma de su mano estrujada contra mi miembro provocaba gemidos severamente contenidos por parte de ambos, ya que, yo también me aventure a tocar el fruto de mi perdición entre sus piernas. Desabotono mis abrigos para acariciar mi pecho, me senté en su regazo mirándolo a los ojos. Introdujo un dedo en mi orificio.
- Esta todo húmedo aquí abajo – lamio mis labios
- Así… será más… sencillo – mordí mi labio cuando metió otro de sus dedos.
Él comenzó a mover sus dedos haciéndome jadear y suspirar en su cuello.
- Ya estás listo… - gimió
Me levante lo suficiente como para que Taulo encajara su órgano dentro de mí. Tomándome de las nalgas me ayudo a llenarme de él. Esa sensación, ese placer al que había sido sucumbido hace cinco años, cuando solo era un tonto niño, volvía a inundarme el cuerpo completo. No creo que John me hiciese sentir así cuando me acostaba con él, tal vez la idea de que Taulo era ahora el que me poseía y me adornaba con besos y caricias llenas de melancolía y fuego, era lo que realmente me estaba haciendo perder la razón.
“Lo lamento, John. Pero hay un hombre que nunca va a poder perder ante mi”
Con sus dedos enterrados en mi trasero me ayudo a moverme sobre él con más rapidez, mi cuerpo se aflojaba con cada estocada. Con una de mis manos frotaba ansiosamente mi pene y con la otra me sostenía de la pared a las espaldas del escandinavo. Mordía mis labios y el cuello de mi poseedor para no gemir como hembra, solo dejaba escapar pesados suspiros cargados de excitación. Mi cuerpo se debilitaba, como si estuviese afiebrado y a punto de quedar inconsciente. El vikingo se corrió dentro de mí, dejo escapar un gemido tan áspero y sensual como solo él podía hacerlo. Yo no terminaba aun, él lo sabia así que me recostó en el suelo, del viejo muelle, y envolvió mi sexo con su boca. Arquee mi espalda hacia atrás, retorciéndome como víbora a la que acaban de cortarle la cabeza. Con ambas manos acaricie sus sedosos y finos negros cabellos, mientras él se movía verticalmente succionando mi órgano como si él también lo gozase. Escalofríos recorrían mi ser, convulsiones me inmovilizaron en cuerpo y alma.  Eyacule en su boca. Trataba de enderezarme pero mi cuerpo no obedecía y me reí.
- ¿Qué es lo gracioso? – pregunto acomodando mis ropas
- No… no logro moverme – estaba tentado
- ¿qué? Lo lamento…
- No te lamentes… jeje… hace tiempo qué no sentía tanto placer junto… - me ayuda a sentarme – Gracias, mi capitán… - reí
- ¿Tu cuerpo está bien, Nicolai? – acaricio mi mejilla
- Si…
- ¿Cuándo partirás?
- Mañana al amanecer. Es un viaje con fines científicos, así que debo ser muy cuidadoso – me puse a arreglarme las ropas
- Entonces… es probable que no nos volvamos a ver… - suspiro agachando la cabeza – Yo también parto mañana

Lo que decía Taulo era cierto, tal vez ya no nos volvamos a encontrar. Eso me puso muy triste, luego de todo ese placer compartido y ahora la probabilidad de no verlo de nuevo me estaba sofocando.
- Siempre hablaste de mas… - murmure
- Lo lamento… pero ha sido una gran casualidad cruzarnos en este muelle… mi viaje se retraso dos días porque nos atrapo una tormenta. Yo realmente no estaría aquí de no ser por esa tormenta
- ¿Sabes? Creo que sería lo mejor para los dos dejar esto… ¿qué crees? – mire el sol que permanecía medianamente escondido entre las negras siluetas de los grandes navíos vikingos
- Si eso es lo que realmente quieres… supongo que sí – contesto con voz apagada
- Ya no soy un niño…
- Si… lo sé… acabas de demostrármelo – rio – Has crecido mucho… ya eres un capitán y tienes tu propio navío… supongo que lo único que nos unirá será el océano. Y aunque es inmenso… yo sé que estarás en alguna parte con tu tripulación navegando las mismas aguas que yo – sonrió y acaricio mi hombro, así como John suele hacerlo, pero ese tacto dolía.
Nos arreglamos y nos dispusimos a ir a descansar cada uno por separado. Me despedí de él con un fuerte abrazo y un lento beso húmedo. Nos separamos, pero nuestras manos aun quedaban unidas fuertemente.
- Nicolai… Si cambias de opinión ven a este muelle. Te esperaré el mismo día cada año – aflojo su agarré, solo yo lo sostenía
- ¿Realmente esperaras? – me burle
- Eres el amor de mi vida, Nicolai – su semblante se puso serio y triste
- Hasta pronto – le sonreí y solté definitivamente su bella mano.
Me voltee y camine al hostal en donde me quedaría esa noche. No me volví a verlo, porque sabía que si lo hacía iría hacia él y olvidaría todas mis responsabilidades.
Por la mañana, John me despertó estaba ansioso. Preparamos todo y di la orden de partir, desde el timón observe al capitán Mäkinen en su gran barco dando órdenes. Sentí una sensación agridulce en mi boca, mis labios y mi lengua recordaron el último beso que compartimos.
- ¿Está bien? – pregunto John con una media sonrisa
- Si – mentí
- No te vi por un momento anoche… ¿Dónde estuviste?
- Emm… me encontré con un viejo camarada de alta mar – desvié mi vista de su cara y me enfoque en el azul del mar.
- Ah… Que grandioso. Los marineros te estaban esperando, ellos te vieron con un hombre alto…
- Pues… era él.
- ¿se conocen hace mucho?
- Si. Pero hace cinco años que no nos encontrábamos. Fue agradable, pero a la vez un poco nostálgico habernos cruzado – di un largo suspiro
- Ah… ya veo. Es nostalgia lo que sientes… - poso su mano en mi antebrazo y sentí culpa.
- Los otros te verán – reclame
- Ah… lo lamento – sonrió y se aparto caminando a donde estaban sus compañeros científicos.
Culpa, estúpida y odiosa culpa. Estúpida y tonta voluntad mía. ¿Había cometido un error al dejarme llevar por la pasión de Taulo? ¿Solo era pasión y deseo? ¿Fue un momento de debilidad? ¿Nostalgia? ¿O realmente seguimos amándonos?
Mi mente confusa no me dejaba concentrarme en la belleza del océano que me rodeaba.
Unos cuantos días pasaron, me sentía desganado, aunque trataba de que nadie lo notara. John estaba demasiado entretenido con el viaje, estudiando y charlando con sus camaradas, solo nos hablábamos un poco por las noches o cuando nos sentábamos a comer.
- ¿Has comido poco esta noche Nicolai? – John cerrando su cuaderno apenas entre al cuarto
- Estoy nervioso por el viaje… - me acosté en la cama junto a él
- Yo también estoy nervioso… pero debes comer. Tienes que estar fuerte – se sentó en mi regazo. Yo solo lo mire a los ojos, intentando saber que era lo que sus orbes azules pensaban de mí. -¿Qué es lo que sucede contigo, Nico?
- Nada… - desviando la mirada
- Has estado dibujando mucho últimamente… - se levanto de la cama y tomo mi cuaderno
- ¿qué haces? – pregunte nervioso
- Viendo tus obras de arte… - murmuro abriendo el cuadernillo. Inmediatamente torció su rosada boca y me miro fríamente - ¿estás dibujando a este hombre de nuevo?
- Cuando me siento triste lo hago… - me levante y le arrebate el bloc de hojas de sus manos
- Pero es diferente ahora… - continuo con su mirada
- No lo es…
- Lo es – afirmo – Me gustaría saber quién es
- Nadie…
- ¿Tendrá algo que ver con el hombre con el que te encontraste en el puerto?
- No necesariamente – abrace mi cuaderno
- ¿Eso significa que no quieres dormir conmigo esta noche? – sus ojos pasaron a un tono cálido a pesar del color azul acero de sus orbes
- ¿Por qué dices eso? – lo había traicionado, lo sabía, pero en ningún momento pensé en detener mis actos.
- Me has evitado…
- Tú lo has hecho – le eché la culpa, que idiota
- Te he estado observando y tu solo miras el océano y dibujas en tu tonto cuaderno
- Lo lamento… - baje la mirada
- ¿Puedo dormir esta noche contigo?
- ¿Quieres? – lo mire con dolor
- Yo sí.
- Entonces… bien…- deje el cuaderno en una mesa y tome a John por la cintura.

Lo arrastre a la cama, donde caímos en besos, aunque no eran los mismos de siempre. No estoy seguro de si era yo el del problema o si algo en John había cambiado debido a mi tonta actitud.

No hay comentarios:

Publicar un comentario