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Sea Love Cap VIII (Final)

Unos días luego, por la tarde un carruaje se presentó en la casa.
- Él es un gran empresario aquí, tienes que conocerlo, Nicolai – Dijo mi cuñado entusiasmado – Podrían hacer negocios y podrías persuadirlo de que invierta en tu compañía – sonrió cómplice
- Realmente eres un hombre de negocios – me burlé arreglándome mi saco de lana – ¿Cuál es su nombre? – pregunté saliendo a recibir al invitado
- Taulo Mäkinen
Del carruaje se baja un hombre alto de ropas elegantes con un bastón y un sombrero. Apenas nuestras miradas se cruzaron el resto del mundo dejo de importar, el tiempo dejo de correr y solo lo veía a él. Sus bellos ojos de un verde grisáceo, sus bellos labios, su porte de hombre vikingo, su nívea piel con unas marcas del tiempo todo él estaba frente a mí luego de tanto tiempo.
- Buenas tardes, señor Mäkinen – saludo el hombre a mi lado extendiendo su mano
- Buenas tardes, Edward. Te he dicho que me llamaras Taulo – sonrió estrechando su mano
- Lo lamento, siempre lo olvido… Él es mi cuñado, Nicolai Wisconsin. El mejor fabricante de barcos de Gran Bretaña
- Un gusto en conocerlo, señor Nicolai Wisconsin – sonrió galante ofreciéndome su mano
- El gusto es mío, Taulo Mäkinen – le di la mano la cual tenía en mi dedo índice el anillo del lobo con zafiros por ojos.
Como había extrañado su mirar, siempre seguro pero con un misterio oculto dentro de ese color verde casi indescifrable.
En la hora de la cena mi hermana me contemplaba con una sonrisa cómplice. Taulo fue presionado por Edward para contar un poco de la vida en esas tierras en invierno. En realidad se había convertido en un empresario, era dueño de una compañía pesquera y de comercialización con el extranjero. Había viajado a Asia donde había conocido muchas personas quienes decidieron comercializar con él la carne de reno y peces a cambio de telas, té y arroz. Parecía ser feliz, por la manera en la que contaba sus historias y logros. Y eso me hacia feliz, más de lo que hubiese deseado.
Luego de la cena, le pedí a Taulo hablar con él y mi cuñado nos dio espacio en su despacho.
- Ha sido un largo tiempo – dijo sentándose en un sillón cerca de un escritorio
- Lo mismo digo – me senté frente a él
- Tu hijo, es realmente hermoso… tiene tus ojos
- Gracias, es un niño grandioso – le sonreí
- Te he echado de menos
- Yo igual
- Te he esperado todos estos años…
- Lo lamento. Pero debía atender responsabilidades
- Lo entiendo… ¿Sabes que este viernes se cumplirían cinco años desde la última vez que nos vimos en aquel puerto?
- Sí… lo sé
- ¿Ibas a ir al puerto si yo no hubiese venido aquí?
- No lo sé… aun no sé qué es lo que siento en este momento
- Nicolai… Te amo… Jamás he dejado de amarte, ni pensarte ni soñarte.
- También he soñado y pensado en ti… ha sido difícil ignorar mi corazón para tener lo que tengo ahora
- Ha sido difícil para mí también… Es difícil en este momento tenerte tan cerca de mí y no poder tocarte como antes.
- Duele… Lo sé… - sonreí sin dejar de mirarlo fijamente
- Tienes una bella familia. Y por lo que Edward me ha contado… eres muy exitoso.
- He tenido suerte… Tú también eres un hombre exitoso… me sorprende que te hayas alejado del océano
- A mí también me sorprende eso de ti. Supongo que me sentía vacío navegando sin rumbo y viviendo como vivía… mi hija necesitaba de mí y decidí hacerlo por ella.
- Nos ha pasado lo mismo. Es increíble todo lo que podemos o no hacer por ellos y solo por ver una linda sonrisa en sus caritas… Eso es más gratificante que cualquier otra cosa
- Lo es… lo es. Sus berrinches, sus días buenos y malos, cuando están cansados y cuando están tristes, cuando están felices y cuando solo quieren estar un rato contigo esos son los momentos que debemos de disfrutar.
- Y valen la pena
- Por supuesto que si…
- Taulo… llévame al puerto de aquella noche. Sé que no queda muy lejos de aquí. El amor de mi hijo es gratificante… pero tú… quiero ser feliz contigo, Taulo Mäkinen
- Y yo quiero ser feliz contigo, niño lindo
Me estiré y alcance su mano para apretarla contra la mía, un cálido apretón que me llevo a esas noches en el navío vikingo donde aprendí a amar y a ser amado, donde entregue mi alma a un hombre quien me entrego la suya. Él beso mi mano y se dispuso a seguir, en medio de un camino de besos, a lo largo de mi brazo hasta llegar a mi cuello donde dejo una sutil marca de dientes. Esperando ansioso con mi boca entre abierta deje salir un suspiro lleno de placer. Dejando unos mordiscos y besos en mi mentón por fin tomo mi boca, acariciando mis labios, dientes y lengua con un lascivo y urgente tacto que ardía y dolía. Lo amaba tanto que con el tiempo eso comenzó a provocar dolor en mi alma.
- Este viernes… espérame en el puerto – Dije poniéndome de pie para recuperar la razón – Espérame… y te amaré sin ninguna restricción ni culpa, así como cuando era un niño.
- Te esperaré en el puerto… - se sonrió – Y te demostraré lo mucho que te amo y lo mucho que te he extrañado… - se acerco a mi
- Que así sea, entonces… - dejando un beso en sus labios
Apenas se fue a su cuarto me deje llevar por mis recuerdos y emociones reprimidas, llorando como lo había hecho en las primeras noches de mi vida solitaria. Volví a mi cuarto con mi esposa que dormía en la cama y me recosté a su lado dándole la espalda. Me sentía completo, no tenia que esconder ese deseo reprimido, ahora lo tenía a él quien sabía quién era yo en realidad y eso me reconfortaba.
El viernes por la noche deje la casa con la escusa de que quería ver a un viejo amigo de mis días de capitán, así que luego de leerle a mi hijo y dejarlo dormido. En el puerto era una noche tranquila, luego de un arduo día de pesca muchos disfrutaban de unas pintas de alcohol en los pubs. Recordé el lugar donde nos habíamos encontrado y me escabullí entre unos fornidos hombres y lo vi, tomando de una copa solo sentado a un lado de los demás. Tenía una expresión un tanto triste, no parecía ser aquel hombre seguro de sí mismo que asalto el barco donde mi hermana y yo viajábamos, tampoco veía ninguna luz de vivacidad que me demostraba cuando lo provocaba. El vikingo ya no estaba, era un hombre. Pero yo también lo era, yo no disfrutaba de mi vida como lo hacía cuando navegaba. La distancia y el tiempo nos habían desgastado.
- ¿Qué paso con el vikingo salvaje que conocía? – le pregunté acercándome
- Envejeció – carcajeo dejando la copa de lado
- ¿Me haría el honor de dar un paseo conmigo?
- Sera todo un placer, señor Nicolai Wisconsin
- Sígueme… - susurro caminando delante mío hacia una posada
- Buenas noches, señor – saludo un hombre de cabellos blancos sentado detrás de un escritorio en la recepción del lugar – Su cuarto ha sido preparado…
- Gracias, señor Viktor
Lo seguí subiendo las escaleras hasta el segundo piso, era un lugar rustico y cálido. Entramos a un cuarto bastante amplio, donde las ventanas del balcón que daban al océano estaban abiertas de par en par.
- Te amo… - susurro dejándome entre medio de la puerta y él
- Lo sé… Yo también lo amo, capitán
- Qué hermoso hombre eres… mereces que te ame bien… ¿Me permites?
- Hazme lo que quieras… - susurre a su oído dejando que mis labios y aliento lo provocara
Abrazo mi cintura, hundiéndonos en un beso ardiente y lleno de urgencia. Había pasado tanto tiempo que las noches habían dejado de ser placenteras y tan únicas como las que había pasado con él. El vikingo tenía el poder de hacerme viajar por el tiempo, ir al pasado como un quinceañero y volver a ser el hombre que soy ahora. Acariciaba sus cabellos que ahora estaban más cortos mientras él me desvestía bajo suyo en esa cama desconocida. Sus manos me recorrían como si el tiempo no nos hubiese afectado en lo absoluto. Me tenia desnudo bajo suyo, besando y lamiendo mi pecho, jugando con mis pezones haciéndome suspirar como antes. Introdujo un dedo dentro de mí mientras que con su lengua lamia mi miembro. Había olvidado las sensaciones de sus atenciones a mi cuerpo. Debía contener mis gemidos mordiendo mi labio inferior y apretando con unas de mis manos a las sabanas de la cama. Sentí sus boca contra la mía suplicando por que la abra para que él se posicionara entre mis piernas. Encajó su miembro dentro de mí de una sola vez, éramos uno nuevamente.
- Muévete… no me esperes… - susurre acariciando su pecho blanco y musculoso
Lo deseaba a él y todas esas cautivantes sensaciones que su cuerpo me podía dar regocijándome en un inframundo de que no se me apetecía salir jamás. Me tomo poniendo sus manos es mi cintura para atraerme a él. Me apoderé de su boca al encontrarme frente a su bello rostro decorado con unas marcas de expresión prematuras en su frente y en las comisuras de sus labios. Sentirlo dentro de mí era un deleite sensacional y más cuando comencé a moverme sobre él. Ambos respirando agitados mesclando nuestras secreciones sin asco, ni vergüenza alguna. Sus roncos gemidos, emitidos por unos labios rojos por las mordidas de mis dientes, se adentraban a mí como su pene que hervía más y más en cada estocada.
- Te amo… y te amaré por siempre… Mi Nicolai… - Susurraba mientras me penetraba con voracidad en cuerpo y alma.
Su voz un componente básico de mi llegada al orgasmo, eyaculé entre medio de nuestros vientres. Él siguió con las estocadas mientras mi cuerpo se convulsionaba de placer debajo de él. Atiné a abrasarme a su espalda amplia hasta qué él también llego a su límite. Abrí mis ojos y me solté de él recostándome por completo sobre el mueble. Pude observar, a la luz de ese solitario sol color ocre, los detalles que el tiempo había cambiado en él con mayor precisión.
- Sigues siendo tan atractivo como antes – admití acariciando su frente sudada – Y te amo igual que antes… tal vez mas… - Reí
- Siempre fuiste inteligente… sabias que decir… - Se rió sacando su miembro de mi
- Ah… quiero hacerlo de nuevo… quiero disfrutar cuanto pueda contigo. Por favor… por favor no nos alejemos nunca más… podría morir completamente sin ti… es tan doloroso fingir que no existes
- Amor mío… - susurro tomando mi mano para llevarla a su pecho – No me alejare… Me prometí no olvidarte… y aquí me tienes a tu merced infinitamente enamorado como la primera vez… Maldito rufián – dijo finalmente para terminar apoderándose de mi nuevamente bajo la luz de ese frio y cálido sol que se asomaba permanentemente por el horizonte, reflejándose en las frías aguas del mar nórdico.
Una vida escondiéndome. Una vida entera escondiendo mi amor infinito hacia un hombre, no, un vikingo salvaje que robo mi corazón cuando aún era un niño tonto. Había logrado crear una sociedad con ese nuevo hombre de negocios y ambos nos hicimos de una gran fortuna. Pero solo era una escusa para permanecer juntos sin que nadie notara nada. Nuestros hijos crecieron prácticamente juntos viviendo en Inglaterra y vacacionando en Finlandia. Sofía se resigno con nuestro matrimonio, dejándome con mi hijo y casándose con un hombre de leyes en Inglaterra. Era más libre cuando ella decidió irse, no debía escabullirme a los aposentos de nadie. Por el resto de mis días pude despertar con el vikingo que me cautivo en cuerpo y alma, con el que soñé noches y días enteros. Taulo Mäkinen ahora descansaba junto a mí en la misma cama todas las noches, deseándome buenas noches con un beso fogoso y sin vergüenza. Y despertaba junto a mí saludándome con un beso gentil y sincero.
Taulo Mäkinen, siempre será el vikingo salvaje que conquisto con su navío las mas turbulentas y desconocidas aguas de mis sentimientos y emociones. Él que me enseño a amar y ser amado correctamente. Hundiéndonos juntos en estas aguas desconocidas del amor por toda la eternidad iluminados por la sórdida luz del frio y cálido sol de las crudas aguas vikingas.

Fin

Espero que les haya gustado :) este cuento tambien esta alojado en Slasheaven
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