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Corazón de Juguete - Prólogo

Prólogo



Soñaba despierto todo el tiempo. Soñaba con el amor. Ese sentimiento que era tan lejano para mí, pero tan cercano y natural para esos que me rodeaban.

Siempre pensé que algo andaba mal conmigo. Cada vez que deseaba hablar con alguien para hacerme de amigo, lo arruinaba. No podía. Las palabras no salían de mi boca.

Y mi corazón. A mi corazón comencé a estrujarlo como si de un juguete se tratara. No quería que sintiese más ansiedad ni dolor, ya que de mi boca jamás saldría palabra alguna.
No podía expresar ninguno de mis deseos, ninguna de mis necesidades. Y no paso mucho para que sucumbiera a un silencio. Sí, un silencio. Acallé a ese torpe corazón que sólo me causaba dolor y me sentí mejor.


Mi nombre, lo odio, René. Como si no fuese suficiente portar esta cara andrógina, mi madre no me permitió cambiarme de nombre. Así se llamaba mi padre, jamás lo conocí, puesto que falleció antes de que naciera. Era cajero en una tienda de abarrotes y un desdichado delincuente le disparó en el pecho, perforándole el corazón.

Ella siempre estaba recordándolo, aludiendo a mi gran parecido con mi papá. Y en la apariencia era muy parecido a él. Pero era un hombre muy amistoso, tenía muchos amigos, quienes desde el día de la muerte de mi padre se acercaron a mi madre convirtiéndose en una gran ayuda para ella y para mí.

Ella falleció hace un par de años. Y no he podido superar que me haya dejado. Ella tenía una presencia tan amable, parecía tan pura que no podía no ser feliz con ella. Sin embargo, a mi felicidad la enterré entre la tumba de mis padres.

Francisco, mi padrino y mejor amigo de mi padre, se encargó de cuidar de mí. Desde hace dos años vivo en su casa, compartiendo la vida con Fernando, su novio de hace diez años. No podía quejarme, pero… Mi vida había dejado de ser la misma.

Comenzaba la universidad y había empezado un trabajo luego de terminar el secundario. Al principio paseaba perros, pero luego me ofrecieron un trabajo en una clínica veterinaria donde me contrataron como bañador y alimentador de animales. Me gustaba ese trabajo, ya que siempre me he llevado bien con los animales. Se me daba muy sencillo interactuar con ellos y entenderlos, al contrario que con los de mi especie.

Tenía una dificultad con las demás personas y Francisco creía que comenzar la carrera universitaria me ayudaría a conocer personas agradables con las que compartiría muchos intereses. Pero yo solo quería estudiar.

Mi torpe corazón estaba en silencio, sin causarme ningún problema. Así que pensé que sería sencillo. De haberlo sabido hubiese seguido otra carrera.

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