Páginas

Corazón de Juguete - Capítulo V



- Lo… Lo siento – dije e inmediatamente me separé de Marcos, rompiendo el abrazo


Había sido placentero tenerlo entre mis brazos, pero de seguro que ningún amigo hacia ese tipo de cosas. Estaba avergonzado de mí mismo al haber actuado tan torpemente, sin pensar sólo escuchando las órdenes que mi corazón me daba.


- Entonces te gusto – Marcos me observó con una media sonrisa que me sacó el aliento – Eres el único que aprecia mis regalos… te los haré más seguido – volvió a sonreírme

- Gracias… - dije volviendo mi mirada a la caja cerrada

- Espero que no vuelvas a odiar tu cumpleaños… Porque estoy aquí para fastidiarte en cada fecha importante – carcajeó

- Espero que así sea – murmuré con una sonrisa dibujada en el corazón pero no físicamente

- Lo será – pasó su brazo sobre mis hombros – Ahora vamos a comer… antes de que cierren todo


Sólo le seguí el paso, haciendo de cuenta de que mi corazón estaba normal. Fingiendo de que sólo salía a comer con un amigo, un compañero de carrera, no con el hombre que mi corazón añoraba con desesperación.

Sí, desesperación. Supongo que mi corazón estaba ansioso por volver a ser escuchado y dominar cada acción de mi cuerpo. Y aunque me sentía feliz, no podía dejar de sentir dolor. Ya que la razón por la que no me gustaban muchas cosas era porque me había quedado huérfano.

Los extrañaba en demasía, y creí que dejando de lado mi corazón y a las cosas que más disfrutaba hacer junto a ellos podría superarlo. Me mentía todo el tiempo, y me di cuenta que me mentía cuando Marcos apareció. Él siempre estuvo dispuesto a meterse en mi vida y hacerme volver a sentir cosas, y a apreciar lo bello y cálido que era estar con otras personas. En realidad sólo quería estar con él. Sólo ansiaba y valoraba su cercanía y su calor. No me importaban los demás amigos que había hecho junto a él. Marcos era el que había desafiado el silencio en el que mi torpe corazón había estado sumido.


Comimos unos sándwiches y unas papas, hablamos, él hablaba más que yo. Aunque sabía que decir para hacer que hable más. Mi relación con él era de lo más natural, pero todo se me volvía como una tortura cuando estábamos solos en mi casa estudiando. Estaba acostumbrado a que me pasara el brazo por los hombros, pero eso era si estábamos en público, de lo contrario me sentía muy avergonzado.


- No pensé que hiciera tanto frío esta noche… Además parece que lloverá – miró hacia el cielo mientras esperábamos el transporte público para volver a casa.

- Es invierno, se supone que hace frío – me burlé guardando mis manos en los bolsillos

- Creí que estudiabas para médico veterinario, no meteorólogo – con su tono de voz cínico

- Bueno, soy multifacético – expliqué

- Eso es verdad… - volvió a mirar el cielo – Siempre estas escribiendo. Jamás me dices qué es lo que escribes… - volvió a mirarme - ¿Qué es lo que escribes?

- Palabras

- Hablo en serio – sonrió de lado y se acercó a mí – Tal vez eres un novelista muy talentoso, pero tienes vergüenza de que alguien lea tus impresionantes novelas… O – se paró frente a mí clavándome esos orbes esmeralda

- ¿O? – pregunté con una curiosidad natural

- O… En realidad lo que escribes es literatura erótica… con escenas sucias y muy explicitas

- ¿De verdad? – reí

- Si… Y es por eso que no dejas que nadie vea lo que escribes

- Idiota. ¿Si fueras escritor tú escribirías eso?

- Si fuera escritor… escribiría suspenso y asesinatos… Los policiales son mis favoritos – sonrió y volvió a apoyarse en la pared junto a mi

- Me gusta la fantasía – admití observando cómo varias gotas de agua caían del cielo – A mí mamá le gustaban las hadas y los hechiceros…

- Escribes para ella ¿verdad?

- Ella jamás leerá lo que escribo

- Sí lo hará – giré mi cara para verlo – Ella no te dejaría así como así


Hermosos, majestuosos ojos verdes, que brillaban por las luces amarillentas de la calle. Toda su belleza la había descripto en páginas y páginas de mis cuadernos, desde sus ojos símiles a gemas, pasando por sus labios finos, su voz, su carisma, su bondad y su compasión.

¿Cómo no enamorarme de un hombre de ensueños hecho realidad?

Si hubiese tenido un deseo en ese momento, este hubiese sido el de poder hundirme en las profundidades de sus ojos. Me hubiese encantado haberme ahogado en el mar de sus sueños hasta volverme parte de uno de ellos. Hubiese dado cualquier cosa por que Marcos mantuviera sus magníficos y esplendidos ojos sobre mí.
La lluvia mojaba el pavimento y a las personas que pasaban, obligándolas a que se refugiaran bajo techo. Una pareja se refugió bajo el techo de la parada del bus, haciéndome volver al mundo real. Había sido peligrosa la cercanía. Ese momento en que nuestras miradas se mantuvieron fijas intentado leer lo que el otro pensaba, y de alguna manera sentí que él logró leer mi mente. Estaba aturdido, débil, desprotegido, completamente expuesto.

- Creo que la semana que viene podré mudarme… Viviré como un hombre independiente

- Eso suena bien – Reí al igual que él

- El lugar es como para dos personas… y sé que tienes pensado mudarte también

- Ah – No le estaba prestando atención a lo que me decía, aun estaba tratando de recuperar la cordura de esa mirada

- René… - me llamó con un tono molesto

- Lo siento. ¿Decías? – le dedique una mirada distraída

- Digo que si quieres puedes venirte a vivir conmigo. Pagaremos mitad y mitad el alquiler… Sé que quieres salir del departamento de Francisco y Fernando… Digo, somos amigos, vamos a la misma escuela y cursamos las mismas materias. ¿Qué dices? El alquiler no es tanto si pagamos entre dos…

- ¿Vivir contigo? – lo miré extrañado

- Tengo que confirmar si quiero alquilar el lugar… Porque quería preguntarte si quieres vivir conmigo

- ¿Por qué me lo preguntas a mí? Sabes que Héctor también quiere dejar la casa de sus padres… además él vive lejos y lo conoces de hace más tiempo que a mí.

- Héctor es muy desordenado, y quiere salir de la casa de sus padres porque es un mujeriego. Imagínate cómo sería vivir con alguien como él – negó con la cabeza – René… Es verdad que te conozco hace poco, pero por alguna razón siento que puedo confiar en ti.

- Hay algo en ti que… - me miró a los ojos


Otra vez esa mirada tan exquisita.  ¿Qué había en mí?


- Basta – le dije desviando la mirada

- ¿Qué dije?

- Mira… No creo ser un buen compañero de departamento – suspiré.


Sabía que si no aclaraba mi mente y mis sentimientos ahora, luego sería imposible y doloroso.


- ¿De qué hablas? Tu eres el tipo más gentil y considerado que conocí

- No… Sólo lo dices porque me crees tu amigo

- Eres mi amigo, René

- Exacto, soy tu amigo – observé a la pareja que se refugiaba de las pesadas y copiosas gotas de agua que caían del cielo. La muchacha aferrada a su novio y él abrazándola para mantenerse calientes ante la fría noche

- No te estoy comprendiendo… ¿Te molesta? ¿Qué es lo que te molesta?

- Marcos… Esto es muy difícil para mí. Yo no entendía porque siempre me ponía nervioso contigo…
¿Recuerdas cuando nos conocimos? ¿Cuándo huí y falté a clases?

- Sí lo recuerdo – sonrió – Fue mentira que estabas enfermo

- Sí… y no… cuando me miraste por primera vez… mi corazón me susurró algo que no comprendí en ese momento, pero lo entendí con el tiempo. Y por eso no puedo ir a ese departamento y ser tu amigo, si eso esperas

- René… la verdad…

- Marcos – me giré para verlo a los ojos, quería ver su expresión, deseaba leer esos ojos mientras le confesaba la verdad que mi corazón gritaba y ansiaba por mostrar desde el comenzó – Me gustas… lo siento


Sus ojos evitaron pestañear, tratando de buscar seguramente alguna pista de broma o jugarreta. No la había. Esa era mi verdad y comenzaba a doler el silencio. Sentía a mi torpe corazón estrujarse, golpeando contra mi pecho anunciando que el dolor y la tristeza volvían a reinar en mi cuerpo. Algo frío y de mal sabor se atoró en mi esófago y mi boca. Conocía a la perfección de que se trataba esas sensaciones.

Mi corazón había hablado demasiado tiempo, ahora se retorcía sin querer enfrentar lo que había creado.

¿Tonto y estúpido no sabes escuchar?

¿A caso no comprendes que debiste haberte quedado callado?

Ahora sufríamos. El dolor volvía.

Todo por haberte escuchado.

Torpe corazón.


No hay comentarios:

Publicar un comentario