Era sábado y Jake se quedó hasta tarde encerrado en el cuarto, estaba estudiando. El celular vibraba con cada publicación en la biografía del Facebook, eran sólo burlas de los idiotas de la escuela. Trató de ignorarlos pero los mensajes eran cada vez más directos y agresivos, decidió cerrar la cuenta de Facebook. Salió del cuarto a eso de las una de la tarde, su mamá había ido al médico con la abuela, estaba solo. Buscó algo comestible en el refrigerador un poco de pasta la cual calentó en el microondas y comió sin saborear. Volvió a su cuarto luego de poner ropa a lavar y se puso a estudiar Historia.
El domingo por la mañana, Peter pasó por la familia para llevarlos a la casa de retiro donde la abuela viviría desde ahora. Por suerte su abuela estaba lucida esa mañana también, así que sería más sencillo para explicarle todo. Despedirse de ella fue doloroso y abrumador, dejarla ahí con todos esos extraños le daba miedo, pero creía que lo que más le abrumaba era que ella ya no estaría esperándolo cuando volviese de la escuela. Ahora estaría solo, pero podría venir a visitarla antes de las ocho de la noche que era cuando cenaban y luego iban a dormir. Peter los alcanzó de regreso a casa, y habló con Amanda de dinero con respecto a la abuela, por lo menos ya no se peleaban.
Peter, su tío, creía que Amanda no era capaz de tomar decisiones luego de haber quedado embarazada tan joven de alguien tan idiota como dicen que era el padre de Jake.
Arribaron al departamento y lo sentía tan vacio, se encerró en el cuarto sabiendo que al otro día tendría que soportar un maldito infierno. Durmió apenas cerca de las cuatro de la madrugada.
Comenzaba a hacer frio, se acercaba el invierno. Al llegar al salón de clases, Matt sólo lo saludó con una disimulada sonrisa, y los más revoltosos sólo se burlaron de él por lo ocurrido el viernes anterior. Sólo debía ignorarlos. En el almuerzo compró un sándwich y un jugo, lo suficiente para poder sobrevivir. Alguien se sentó a su lado.
- ¿Cómo has estado, Putita? – era Max - ¿No me contestarás? Que mal, te haces de rogar – rió
- Seguramente no está de humor porque cerro su cuenta de Facebook – Steve
- Ah… ¡es verdad! ¿Por qué lo hiciste? Te habíamos dejado unos lindos mensajes para ti
- No hablará seguramente – se burló Greg – No después de esa lección
- Ah… es verdad… que chico tan listo resultaste ser, Putita. Mantente sumisa y vivirás – susurró el rubio tomando el sándwich de Jake y aventándolo a un cesto de la basura cerca.
- ¿Crees que comportándote como un patán todos creerán que eres genial? – le dijo el pelinegro poniéndose de pie – No eres genial, Max. Eres un fracasado tanto como yo, y me das lastima… tener que andar comportándote de esa manera por un poco de atención, eso es muy triste…
- Ah… Creí que cerrarías esa boca tuya, Putita
- ¿Por qué? Sin importar lo que haga me golpearás y me pondrás en ridículo, me humillarás frente a todos sólo para sentirte un poco superior. Es indiferente si me callo o no… ¿o me equivoco?
- Estas buscándote algo feo, Putita – Greg con esa sonrisa arrogante en su cara
- Váyanse a la mierda… todos…
De un momento a otro, el puño de Max golpeó su cara tirándolo al suelo. Se puso de pie y miró al rubio con esa expresión de imbécil sin remedio, y se le antojó volver a ser ese chico de catorce en esa escuela católica, que no temía a ningún bully. De la misma forma que el rubio lo golpeó, se defendió, no lo tiró al suelo porque el otro era mucho más fornido que Jake. Le había prometido a la abuela no volver a ser ese chico de nuevo, pero no podía seguir recibiendo golpes.
Terminó siendo golpeado por dos tipos, y golpeando a dos tipos. Unos profesores los separaron y los llevaron a las rastras a la enfermería donde la directora fue a verlos.
- ¿Qué fue todo ese escándalo? – exigió
- Ese chico empezó todo – Max
- Si, así es – le siguió Steven
- Es mentira – dijo Jake por su parte con los puños vendados y un poco de hielo en la cara
- ¿Qué dice usted? – señaló a Greg quien estaba sentado en un rincón con una mano sosteniendo un hielo contra su mejilla
- Ellos empezaron a molestar a Jake, él solo se defendió.
- ¿Es verdad?
- Es verdad – aseguró Jake
- No, si viera cómo se comporta este tipo. ¡Usted sabe que es un peleador! – Max tratando de defenderse
- Llamaré a sus padres y quedarán suspendidos. Max y Steven, suspendidos por una semana. Jake y Greg, los veré en la sala de castigo luego de la escuela por una semana. Desde hoy empiezan sus castigos. Piensen en lo que han hecho, lastimar a sus compañeros no está nada bien. ¡Solo mírense, no pueden lastimarse así! – la mujer deja salir un suspiro y se va sin nada más que decir.
- ¡Eres un traidor, Greg! – Max caminando hacia él como una fiera
- Soy sincero, sabes que no puedes pelear aquí. Te dije que no quería pelear otra vez.
- Eres una mierda… tu me golpeaste… no digas que no… estas defendiendo a esa putita ¿No?
- Para nada, sólo quería detenerlos. Pero como no escuchabas te denuncié – lo miró arrogante con una sonrisa que hacia juego – Te gustó la mamada que te dio, Jake ¿verdad? Sólo buscabas una escusa para volver hacerlo – rió para luego caer al suelo de la enfermería por un golpe del rubio - Estaba en lo cierto – se burló en el suelo
- Eres una mierda, toda tu familia lo sabe y yo fui el único que te tomó en serio y me haces esto… Pedazo de mierda… - escupió sobre él y con una seña obligó a Steven a seguirlo fuera de la enfermería.
- ¿Por qué abriste la boca? – preguntó sentándose en el suelo y apoyándose contra una pared
- Sé que puedo defenderme solo…
- Te dije que no lo hicieras
- ¿Por qué lo golpeaste? No se hace eso con los amigos
- Nunca fue mi amigo… ¿De dónde salió ese chico rudo que sabe pelear?- se burló
- No te importa…
- Por lo menos no nos suspendieron…
- Mi madre me odiará.
- Pues… te acostumbras con el tiempo… te lo digo por experiencia.
- No necesito tu sabiduría – bajó la mirada
- Hey… Eres tan misterioso, Jake… Si no fueses gay de seguro tendrías muchas chicas a tu alrededor… si… eso creo… - escuchó sus pasos acercársele hasta que vio sus pies
- Yo… a las chicas no les gustan los tímidos
- Ah… es por eso que eres buena presa para los hombres… - sus ojos negros lo observaban y le daba cierta inquietud
- ¿Y tú qué sabes? – se burló
- Hmp… Sé cosas…
- ¿Qué tanto sabes?
- Quien sabe… ¿Qué tanto sabes tú?
- No estoy seguro de saber mucho… pero estoy seguro de algo…
- ¿De qué?
- De que si un tipo te besa lo disfrutarás
- ¿Qué te hace creer eso? – sonrió incrédulo
- Quien sabe… - Jake remojó sus labios con un poco de saliva mientras el otro observo atentamente - ¿Pero tengo razón?
- Quien sabe…
- Pues me quedaré con la incógnita – se encogió de hombros y trató de bajarse de la camilla, pero el ojinegro arremetió su cuerpo entre las piernas del otro rozándole los labios con una de sus manos - ¿Qué haces?
- Resolviendo tu incógnita…
Lo tomó por la nuca y sus labios entre abiertos se acariciaron uno al otro, mientras sus lenguas se encargaban de mezclar las salivas fregándose una con la otra. Jake dejo que lo besará, sus hormonas no podían ser mas idiotas se alborotaban con la cercanía de sus cuerpos y la humedad de su boca. Sintió que si no se detenía los descubrirían en una situación un poco incomoda. Con ambas manos sobre el estomago del otro lo alejo, no lo miró a los ojos hasta que relamió la humedad de sus labios, que por cierto ardían por ese gratificante beso.
- Deberíamos ir a la dirección… - le dijo tratando de ocultar su excitación
- ¿Resolví tu incógnita? – bufó tomando su mochila
- Creo que he resuelto dos. – admitió saliendo del cuarto
Al parecer, todos esos problemas desde su pre adolescencia habían sido causados por su sexualidad inconclusa. Su madre le miro fijo con una expresión de decepción en su cara cuando salían de la escuela y no le habló hasta que ella llegó por la noche a casa. Había preparado unas papas fritas y un poco de pollo asado ella se sentó frente a su hijo.
- He pasado a visitar a la abuela… le llevé unas masas dulces y tomamos té. Estaba bien y cómoda
- ¿Por qué te volviste a pelear? ¿No me dijiste que todo estaba bien? – dejó la comida de lado
- Estaba todo bien… pero ese chico me fastidio
- ¿Y qué, ahora golpearás a toda persona que te diga algo que no quieres? ¿Qué sucede contigo? ¡Siempre hago todo lo posible para que estés bien y crezcas sano y derecho! ¡Dime qué estoy haciendo mal! ¡Dímelo!
- No es tu culpa, mamá… es que todos creen que soy diferente a ellos y me molestan y humillan por eso… si supieras realmente lo que me pasa entenderías – trataba de permanecer tranquilo, pero lágrimas empezaban a salir
- ¿Y qué es lo que te pasa? ¡Dímelo! ¿Qué puede ser tan terrible?
- Olvídalo, mamá… yo… yo no podría decírtelo…
- ¿Por qué? ¿Me crees tan estúpida? ¡No soy estúpida! ¡Te crie prácticamente sola en un mundo de hombres! ¡No soy estúpida!
- Nunca te dije eso, mamá…
- ¡Entonces dime! ¿Qué sucede contigo?
- ¡No lo sé! ¡No lo sé! – chilló lanzando el plato de arroz contra una pared – ¡No sé qué me pasa! … y tú no me estas ayudando… Así que déjame en paz… - lentamente se escabulló a su cuarto del cual no salió hasta que ella se fue de la casa por la mañana.
Ya era martes, día de la consulta con el terapeuta a la cual no podría asistir por estar castigado. Era el primero en llegar al aula y se sentó en el escritorio a esperar a que la clase comenzara. La profesora les entregó la evaluación de historia para la cual había estudiado en el fin de semana, todas las respuestas las sabía de memoria. En su cabeza no había nada más que las cosas que tenía que hacer durante el día. En el almuerzo nadie lo molestó a excepción de Matt quien almorzó con él en completo silencio. Ya no era el mismo chico que hace unos días, ahora volvía a ser el temido. Todos se fueron de la escuela pero Greg y él quedaron a cumplir la hora de castigo limpiando el gimnasio interno.
- Mas les vale que este lugar quede limpio… estaré en mi despacho – dijo la directora para luego alejarse con el sonido de sus tacones sobre el suelo.
Jake, por su parte ordenó unas pelotas, unas toallas, pecheras y otros accesorios como cuerdas colchonetas y eso. Greg se puso a pasar el trapeador por los vestidores, de esa manera terminaron rápido. La directora vio su trabajo y los dejó salir, luego de darles otro sermón.
- ¿Quieres ir a tomar algo? – dijo Greg
- No… estoy bien… sólo quiero ir a casa
- Bien, entonces no vemos mañana
- Claro – desganado
- Anímate… estar castigado no es el fin del mundo
- No debiera de serlo – se rió
- Tu si sabes, Jake – sonrió
- Nos vemos… - le devolvió la sonrisa, estaba coqueteando
Greg se dirigió para un lado y Jake para el otro. En el camino vio un auto, un Mustang en blanco y negro y de él bajó un doctor.
- ¿Qué paso que faltaste a la consulta?
- Estoy castigado esta semana
- No puede ser… ¿Qué paso?
- Es una larga historia
- Tengo la tarde libre… ¿A dónde quieres ir?
- Sólo quiero ir a mi casa – admitió, estaba cansado – Puede venir conmigo si quiere, estaré solo hasta las once
- Bien… Sólo déjame comprar algo para comer, es el deber como invitado
- Está bien
Llegaron al departamento, le ofreció un poco de café para tomar con la tarta de frutos rojos que había comprado. Se sentaron en el living, y como solo había un sillón el menor se sentó junto a él.
- Ahora cuéntame qué sucedió
- Ah… bueno… unos tipos me molestaban luego de que un rumor de mi se esparciera por la escuela. El jueves… ellos me atacaron tirándome condones usados y yo no soporte ser abusado de esa manera así que los enfrenté pero sólo con palabras… admito que fui un poco agresivo con mis palabras pero no había necesidad para que ellos reaccionaran como lo hicieron.
- ¿Y cómo reaccionaron? – sorbió un poco de café mientras miraba a su paciente con atención con sus piernas cruzadas
- Pues uno de ellos me agarró del uniforme y prácticamente me arrastró por los pasillos poniéndome en vergüenza con respecto al rumor… después me llevaron a la terraza… uno de ellos vigilaba la escalera… otro… me tomó de los pelos y – hizo una pausa tratando de no dejarse llevar por el odio y la vergüenza - … ah… no puedo… no puedo contar eso
- Tranquilo… ¿De qué era el rumor?
- De… Jamia les dijo que yo… que me gustan los hombres… y por eso esos tipos me arrodillaron y mientras uno sostenía mi cabeza el otro… - suspiró y una lágrima corrió por su mejilla - El otro metió su cosa en mi boca e hizo que tragara todo su semen… fue una mierda… no podía respirar… después me dejaron ahí y ahí me quede… hasta que el que me había sostenido la cabeza vino por mí… y no entendía porque lo había hecho… - apretó la mandíbula y sintió las manos del mayor sostener las suyas - Hasta el lunes… que ellos vinieron a molestarme tirando mi comida a la basura y tratándome como a su puta personal. Los mandé a la mierda y después de que uno me golpeará… yo sentí que tenía que hacerlo pagar y lo golpee iniciando una pelea…
- Lamento escuchar eso, Jake… ¿Tu madre sabe de eso? – le sostuvo la mirada y con su suave y aterciopelada voz intentó calmarlo
- No, nadie excepto usted.
- ¿Cómo te sentiste después del viernes?
- Humillado… y asqueado… - gimoteó - yo sólo quería hacer que pague por ser un idiota
- Está bien… tranquilo. Sabes que eso que hiciste no es la mejor de las ideas. Debes denunciarlo, Jake. Si ese chico es capaz de lastimar a uno, puede hacerlo con otros
- Ya no importa… ¿sabe que es lo gracioso? Que ayer en la enfermería luego de que la directora nos regañara ese chico que me sostuvo la cabeza, Greg, admitió defenderme de los otros dos en la pelea y luego me beso. Y descubrí que… si me gustan los hombres… - el menor lo miró a los ojos para poder ver qué era lo que decía la primera persona a la cual le admitía este sentir tan suyo
- De alguna forma… estoy orgulloso de poder escucharte decir eso en voz alta – le sonrió comprensivo - Sé que es muy difícil poder admitirlo a otros y sé lo difícil y tortuoso que es decírtelo a ti mismo. Jake… con respecto a lo que esos chicos te hicieron, creo que deberías hablarlo con alguien y denunciarlo… Eres un chico fuerte… - le sonrió de lado – Ven… - le hizo una seña permitiéndole acurrucase entre sus brazos
Por fin alguien lo abrazaba comprensivo y no lo regañaba ni lo discriminaba por nada, y su olor pasó por sus jóvenes fosas nasales como una droga, entumeciendo su cerebro de cualquier otro pensamiento. Sentía una de sus manos acariciar su cabeza y la otra frotarle la espalda, tan cálido y reconfortante. El menor se enderezó para mirarlo a los ojos mientras que la sonrisa de aquel hombre maduro término por conquistarlo del todo.
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