- Por qué? – susurré apenas Marcos se alejó de mis labios. Sequé mis lágrimas con algo de molestia y él tomó mis rostro entre sus amplias y frías manos
- Eras mi mejor amigo, René… Yo no supe que decirte… No me diste tiempo de pensar nada que te fuiste corriendo a quién sabe dónde – sonrió y con su pulgar detuvo el recorrido de una tonta lágrima
- ¿Por qué me besaste, Marcos? – mi garganta ardía un poco. Sabía a la perfección a que se debía. Estaba conteniendo mi dolor, mi voz, la voz de mi corazón.
- Siempre fuiste distinto a cualquier hombre que conocí. Y desde el día que huiste y te seguí… tuve la necesidad de quedarme contigo… No eres una chica pero me provocaste algo dentro mío y… - apretó los dientes mientras sus ojos brillaban con intensidad – Jamás sentí por ti lo mismo que sentía por viejos amigos. Eras distinto… Eres distinto.
- No juegues conmigo, Marcos – tomé sus manos y lo aparté de mí con algo de brusquedad - ¿Tienes idea de cuanto sufrí? ¿Tienes idea de cuánto duele escucharte decir esas estupideces? ¿Quién te crees para hacerme pasar por el mismo dolor otra vez? No es justo… No lo es…
Enojo. Frustración. Dolor. Mucha tristeza.
La vida real no es como en los cuentos de hadas, no todo termina con un final feliz. Estaba herido. ¿Quería estar con él? Sí, mucho. Sin embargo, había pasado por períodos de completa soledad, de desesperación y confusión. Esa noche, La Noche, corrí y corrí, pero no tan rápido. Quería que él me siguiese, que él corriese tras mío intentando remediarlo todo.
Lo esperé. Ningún mensaje. Ninguna llamada.
No huí. Sólo avancé, él ni siquiera se movió. Era como si se hubiese quedado en la parada de aquel autobús, esperando a que yo volviese a él. Ya no quería volver a ser el mismo chico dolido que oculta sus sentimientos, ese chico frágil que necesita de alguien para sobrevivir. Había cambiado en algunos sentidos, el viejo yo estaba escondido, dormido, acallado dentro de mi tonto corazón.
- Jamás llamaste…
- Creí que no querías volver a verme… - bajo la mirada
- ¿A caso no tienes agallas? – reí con esas estúpidas lágrimas corriendo por mi rosto – Tengo una
vida… Me esforcé por seguir adelante… sin ti – sollocé y di largos pasos para alejarme de él – Ahora apareces y quieres que todo salga bien. ¡Es la vida real, maldita sea! – lancé un puñetazo al aire mientras algunas personas cuchicheaban y observaban desde su lugar.
- Lo siento – Se acercó e intentó tocarme pero lo rechacé inmediatamente – Perdóname… Siempre fui un torpe… un lento… sabes que es así
- ¡Claro que lo sé! Claro que sí… - la última frase la terminé en un murmullo.
Estaba entre sus brazos, él me estrechaba con fuerza así como esa vez en el baño de la facultad. Esa vez que comencé a recuperar mi humanidad, mis emociones y el recuerdo de cómo era ser abrazado con tanta sinceridad. Así era él, sincero y torpe.
La calidez de su cuerpo me dio la sensación de estar en casa, de estar con mamá y papá de nuevo. Marcos me hacía sentir como parte de su familia, de sus amigos y por eso no pude rechazarlo. No era tan simple. Gabriel me gustaba, pero no se comparaba con lo que Marcos me hacía sentir.
Emociones contradictorias, una melancolía dolorosa y una felicidad tan reconfortante; Ira y cariño; él me invitó a el mundo de los humanos y él me lo quitó.
Amor, sería poco para describir lo que sentía por él.
Correspondí a su abrazo como si de eso dependiese mi vida. Sollozaba en el hueco de su cuello y hombro sintiendo el delicioso aroma de su blanca piel, tan masculino, una mezcla entre desodorante y transpiración. Siempre me pregunté cómo podía ser tan perfecto.
- Es extraño – comentó alejándose un poco de mí. En su cara había una sonrisa, una de esas tan carismáticas y sinceras que lo caracterizaba a la perfección.
- ¿Qué es extraño? – pregunté secándome las lágrimas de mi rostro con el dorso de la mano
- Fue hace exactamente un año… Feliz cumpleaños, René – volvió a tomar mi rostro entre sus amplias manos y me sonrió
Así como la primera vez, encantándome, hechizándome con su natural gentileza y pureza. Me cautivó y mi corazón sólo sonrió, sin gemir ni vacilar, susurró su mas preciado deseo. Una añoranza que creímos se convirtió en una simple memoria rota, un anhelo íntimo, puro y simple. Todas mis emociones tomaban forma en mi mente, intentando darle forma a alguna oración que expresara el remolino de recuerdos y sueños sin cumplir.
- No vuelvas a jugar con mi corazón, Marcos – Le dije esperando a que todo eso no fuese una treta de mi mente despiadada y sádica.
- Claro que no, René… No pienso volver a lastimarte… Y si alguna vez lo hago… - Sonrió y una lágrima se escurrió a lo largo de su mejilla – Si me porto mal, golpéame
Me carcajeé dejando que mis lágrimas corrieran por mi cara. Lo obligué a alejarse solo unos pasos, me observó con algo de confusión pero eso se esfumó cuando puse mi diestra sobre su pecho. No podía sentir su calor debido a la ropa de abrigo, pero quería mantener la distancia para hacer una importante pregunta
- ¿Qué esperas de mí, Marcos?
- Que me aceptes en tu vida – respondió seriamente
- Ya no podemos ser amigos. Soy gay, marcos… Y estuve enamorado de ti
- Yo… - Sonrió y tomó mi mano llevándosela contra sus labios – No espero ser sólo tu amigo. Eres mucho más que eso, René
Sin quitarme la mirada besó mis nudillos.
‘Eres mucho más que eso’, esa frase y ese beso tan atípico en estos tiempos, provocaron una enorme revolución dentro de mí. Se sintió como un centenar de mariposas multicolor surgir de la oscuridad brindándome su luz y color. Sentía como la hermosa composición de las cuatro estaciones de Vivaldi sonara en mi mente dándole vida a un fantástico prado luminoso lleno de vida y brillos, donde las mariposas coloridas revoloteaban sin importar la estación. Sin importar el frío de del invierno, ni el calor del verano, mi amor por Marcos seguiría volando y fluyendo al igual que las mariposas.
- Entonces… ¿Qué sientes por mí? – pregunté aún dudando de él
- ¿Qué siento? – Carcajeó para luego abrazarme – Te adoro… eso siento. Eres mi musa… Eres mi amigo… Eres la persona a quien amo – susurró en medio del abrazo
¿Qué más podía desear? Marcos era mi amor platónico y ahora confesaba su amor a mí, de manera tan tierna, tan cariñosa y dramática. Era mi sueño convertido en realidad.
El hombre de mis sueños correspondía mis sentimientos de manera sincera y me daba una felicidad incomparable. Aunque para llegar a sentirme así, el dolor se apoderó de mí y de mi corazón. La tristeza nos invadió y aunque intenté hacer de cuenta de que podía seguir sin ese verde y brillante mirar, al final no pude.
No pude engañarme al volver a verlo. Él lo representaba todo. Él fue quien me devolvió la fe en mí mismo. Él me trajo de nuevo al mundo para disfrutar de sus vastas bellezas.
Y sin importar los altibajos, él me sonrió sinceramente y me dio todo su apoyo y cariño con los que pude lograr cumplir otros sueños. Aunque estar a su lado ya era un sueño hecho realidad.
¿Jugar con mi corazón? Jamás. Mi corazón de juguete pudo descansar y regocijarse con la felicidad que nos daba nuestro amor, correspondido por el hombre más perfecto y grandioso que amábamos infinitamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario